Diario de León

El Casón de Villapérez alberga el ‘arte diminuto’ de Rafael Anel

La Fundación Vela Zanetti acoge la muestra ‘Pinturas Dos mil Trece’ .

Rafael Anel y una muestra de sus piezas.

Rafael Anel y una muestra de sus piezas.

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marcelio cuevas | león
León

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Rafael Anel es un artista lleno de inquietudes. Quizá su búsqueda de caminos ignorados, su empleo sistemático de las nuevas tecnologías, le impida centrarse en una de las múltiples etapas por las que ha pasado su carrera. Desde el video a la escultura, pasando, naturalmente, por la pintura, todo le sirve para expresar su fantástico fondo de ideas.

Ahora muestra en la Fundación Vela Zanetti dos vertientes de su actividad creativa, la primera dedicada a la pintura. Rafa Anel está en estos momentos centrado en la experimentación. No le importa tanto el resultado definitivo de un cuadro, y eso se nota, como la manera en que ha llegado a él. Le entusiasma jugar con la química de los colores y con las texturas de la materia que emplea. Deja que durante horas sus obras vayan creándose por sí mismas, permitiendo que la pintura fresca se derrame delicadamente sobre el lienzo. No es el suyo un trabajo incontrolado, pero sí que deja mucho campo al azar.

No le interesan los colores potentes, prefiere delicadas degradaciones de marrones o grises, junto con algunas obras en las que se acentúan un poco más los distintos cromatismos. Y, casi siempre, unos renglones trazos en grafito en los que el artista realiza una suerte de escritura automática que nada explica porque se queda en eso, en un elemento más de la actuación plástica. Para que se hagan una idea del momento que atraviesa el joven pintor, transcribimos una de sus frase: «Es impresionante —asegura— ver los efectos de la sal en los colores de acuarela, produce unas tonalidades increíbles». Y a buen seguro que el artista se pasa horas contemplando como los colores secan e, inducidos por los misterios de la química, se convierten en mágicos.

Pequeñas familias

Pero hay otra parte en la exposición también importante. Son sus pequeñas familias. Diminutos seres blancos de tres dimensiones que recrean la presencia humana en parques y jardines, en calles y plazas. Son aglomeraciones urbanas copiadas directamente de la realidad y que conocimos por primera vez en su no demasiado lejana exposición de Palacio de Don Gutierre.

En este caso las presenta sobre espejos que dan la sensación de ser el asfalto plateado por el agua de lluvia, y en él se reflejan el padre que acaba de comprar un globo al niño que lleva de la mano, el señor de sombrero que camina absorto portando una maleta, la tertulia de sesudos varones que intentan arreglar la crisis con su mudo parlamento… Toda una fauna ciudadana que no sobrepasa los dos centímetros de altura y que explica muchas cosas, a pesar de no decir nada. Finalmente con estas pequeñas figuras y unos fondos de brillante colorido, ha creado Rafa Anel unas pequeñas cajas desde las que intentan lanzar su mensaje esos seres liliputienses. Una exposición interesante de un artista joven que parece tener miedo a mostrar todo lo que lleva dentro y que va dejando en el aire unas gotas, indudablemente sugerentes, de lo que algún día acabará por mostrará al público.

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