Una ‘delicatessen’ leonesa de récord

Casi veinte festivales seleccionan el corto de Gabriel Folgado en tan solo tres meses.

El director de la cinta, Gabriel Folgado, agachado a la derecha en un momento del rodaje del documental en París.

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n. g. sabugal | León
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Desde Nigeria a la India pasando por Rumanía. También Italia y Chile y Uruguay y México. Así hasta dieciocho festivales, tanto nacionales como internacionales, han seleccionado en tan solo tres meses el corto documental Ancestral delicatessen, del director berciano Gabriel Folgado. Un corto que está teniendo un recorrido de récord.

El último, los Winter Film Awards de Estados Unidos, que supondrán la exhibición de la película en Nueva York. «Será un trocito de aquí en Manhattan», afirma Folgado. «Es algo nuestro que se está viendo en todo el mundo y además en este caso entramos en el concurso oficial. Es un festival importante que por ejemplo el año pasado dio el premio al mejor guión a Woody Allen y de la mejor película a Steven Spielberg».

El corto de Folgado, una original idea sobre la recolección de las castañas que finalmente acaban convertidas en marrón glacé en las confiterías parisinas, ha sido valorada por festivales de muy variado perfil. Desde el Festival Internacional de Cine de La Antártica sobre Medio Ambiente y Sostenibilidad en Chile, al Festival Latinoamericano de Cortometrajes Ambientales Albuferafilms en Argentina y el festival dedicado al cine gastronómico Ciudad de la Laguna.

En estos tres vertiginosos meses Ancestral delicatessen ha conseguido ya dos premios: el premio nacional Zinexín al mejor cortometraje en La Roda y el internacional al mejor cortometraje documental en el Certamen Internacional de Cortometrajes Roberto di Chiara en Florencio Varela, Argentina.

Y lo que falta, porque este corto viajero tan sólo acaba de iniciar su recorrido. «La vida de un corto dura entre uno y dos años porque los festivales sólo admiten trabajos del año en curso o del anterior. Si es un corto que funciona bien y tiene algunos premios se puede gestionar su venta a las televisiones, pero es complicado», añade Folgado.

Nada es fácil en este mundo del cine, sin duda. Y más ahora, cuando la crisis asfixia proyectos aún tan tiernos que no les han salido ni los dientes. Además, la previsión para este año es que no haya ninguna ayuda del Gobierno para los cortometrajes. Nada. Cero.

«El año pasado hubo algunas ayudas a los cortos, este año no esperamos nada. El panorama pinta mal», confiesa el director.

Nuevos proyectos

Pase lo que pase, Folgado no para. Es el motor de la ilusión, que sigue con gasolina. Los próximos proyectos que está preparando su productora, Catoute Films, son dos cortos de ficción: Huellas en la nieve y Los muertos .

El primero cuenta la historia de dos soldados desertores de distintos bandos en un momento indeterminado de la historia que podría ser la Guerra Civil española o cualquier otra guerra.

Es un trabajo que tiene posibilidades de ser rodado en los bosques de la provincia y que de momento se alza como el proyecto más viable. El guión es de Luis Ángel Pérez, un alicantino de madre berciana, de la pequeña localidad de Sésamo.

Los muertos , por su parte, ocurre en el Metro y sería rodada entre Madrid y León. El guión es también de Luis Ángel Pérez y del propio Gabriel Folgado. Ambos cortos serían producidos por Catoute Films, aunque están abiertos a posibles coproducciones.

Hasta que llegue el momento de volver a ponerse la cámara al hombro, Folgado disfruta del éxito de Ancestral delicatessen . «No me lo esperaba y menos recibir dos premios en tan poco tiempo. Es difícil ser seleccionado en tantos festivales porque se reciben muchos cortos. De los cuatrocientos que llegan, al final son seleccionados quince o veinte».

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Si Ancestral delicatessen sigue a este ritmo superará sin duda la veintena de festivales en los que participó la anterior película de Folgado: Paisajes interiores , sobre la minería, que además obtuvo siete candidaturas a los premios Goya. Sería una ‘plusmarca’ para esta historia en blanco y negro de lo rural a lo urbano, de la humildad de la castaña a la presunción del marron glacé, de aquí a París.