Diario de León

El artista reúne en ‘Autorretrato’ sus treinta años de pasión creadora

Detalle de la portada.

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cristina fanjul | león
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«Mirar es vivir. La fotografía me ha unido a los espacios con los que compartí mi sombra». Alberto garcía Alix describe de esta manera la relación que le une con la fotografía, una manera de vivir con la que sintió que la escena y la luz eran suyas. «Esa gata y esas habitaciones húmedas. Ese brazo desvirgado por la droga. Esos zapatos o ese fibroso doncel cocido en sus propias emociones», destaca.

Estas palabras del artista forman parte del prólogo con el que se abre Autorretrato, el libro editado por La Fábrica que ayer se presentó y que reúne más de 150 fotografías, algunas de ellas inéditas, relacionadas con su trabajo autobiográfico.

Destacan en la editorial que resulta difícil encontrar en la obra de Alberto García-Alix alguna pieza que no sea intensamente autorreferencial. «Se podría decir que toda su obra, en conjunto, es un gran autorretrato», explican. A eso se refiere precisamente el creador cuando asegura que es a sí mismo a quien mira cada vez que se asoma al mundo con su cámara. «Ya no hay tregua ni fin en la acumulación de pavores. Los latidos de mis nervios y ojos se tensan, varias vidas han pasado por ellos y vibran en este espejo... Mi identidad es un devenir de identidades y así seguirá».

Autorretrato permite seguir la evolución que García-Alix ha realizado a lo largo de sus más de 30 años de carrera. El libro no es una documentación cronológica de su vida ni un ejercicio egocéntrico. La forma en la que el fotógrafo se mira a través de la fotografía evoluciona a lo largo de los años y adopta diferentes variantes. En el libro se recogen desde los primeros autorretratos de finales de los setenta a las fotografías de fragmentos de su cuerpo. De los «paisajes interiores», lugares que forman parte de sus vivencias y sobre los que siente la necesitad de proyectarse a fragmentos de sus trabajos en vídeo como De donde no se vuelve o Tres vídeos tristes .

Desde la fotografía que abre el libro, Mi barrio (1986), hasta Primavera en París (2003), que lo cierra, pasa por los ojos del lector la esencia del creador. Mucho más allá de la mera fotografía de sí mismo, García-Alix desvela su evolución personal y profesional. En sus propias palabras «retraté mis posesiones, mis vicios y las esquinas de calles por las que me moví porque quería elevarlas a la altura de una épica».

Alberto García Alix confiesa que el motor de su pasión creadora ha sido el miedo y la soberbia. El miedo de los valientes, el miedo de losm que viven muertos de miedo (Ángel González dixit) y soberbia, soberbia que le «mantiene en pie»: «Necesito mirarme y verme para sentirme vivo».

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