Negro, sin ficciones ni artificio
El fotógrafo Martinferre presenta en Ármaga su exposición ‘Éter’, una recreación del paisaje del Bierzo.
El artista confiesa que continúa siendo fiel a la química de reveladores y fijadores. «Soy incondicional de los carretes y la ampliadora, de la gelatina de plata».
Casimiro Martínez Ferrero, que firma sus trabajos con el seudónimo Martinferre, es en este tiempo uno de los pocos fotógrafos románticos que prefieren hacer las cosas a la antigua. Él patea diariamente los mágicos paisajes del Bierzo llevando al hombro sus cámaras analógicas y una mochila repleta de carretes y placas.
Martinferre pertenece a esa casta, en trance de desaparición, que después de recorrer el mundo en busca de imágenes, regresa a su casa, a su laboratorio, y vive un momento aún más ilusionante, respirando las emanaciones de los ácidos y viviendo el milagroso nacimiento de las imágenes sobre el papel, rodeado de misteriosas luces rojas.
El artista, que ahora llega a la galería de arte Ármaga, con la intención de demostrar lo importantes que son las obras de los veteranos que detestan las nuevas tecnologías. «Yo —dice— sigo fiel a la química de reveladores y fijadores, soy incondicional de los carretes y la ampliadora, de la gelatina de plata sobre papel baritado. Y a pesar de los muchos años que llevo en esto, sigue fascinándome la primera visión del positivo tras apagar el foco rojo y encender el blanco. Toda esta labor, en la que nunca conoces nada de antemano, es para mí esencial cuando hablo de fotografía».
Este berciano de Bembibre, practica la fotografía sin mistificaciones, basándose en una gran técnica y en una laboriosa búsqueda de motivos para enfocar con sus cámaras. Y cuando se encuentra ante el espectáculo de una enorme viña con el sol de mediodía en lo alto, no enfoca lo espectacular del paisaje, sino que retrata una retorcida rama de vid. Y al enfrentarse a un silencioso río invernal, centra su atención en los carámbanos que cuelgan con la espectacularidad del mejor cristal en un umbrío rincón. «La mayoría de mis fotografías reflejan la naturaleza —dice— siempre me ha gustado mucho la montaña. Normalmente hago paisajes, o retratos de la gente que vive en los pueblos».
No deja de ser sorprendente que el artista siga trabajando exclusivamente en blanco y negro, pero él tiene sus razones. «Siempre se ha dicho que las fotografías en blanco y negro llegan antes al celebro que las de color, que las procesa mejor el cerebro. Yo creo que gracias a esto es más fácil expresar los sentimientos y las emociones que ofreces al espectador a través de las fotos. ¿Sabe lo que pienso yo del color? Que es una mala imitación de la naturaleza, mientras que el blanco y negro me permite ofrecer mi propia interpretación de lo que veo».
Martinferre ha sido siempre «un simple aficionado» capaz de demostrar calidades de gran profesional en sus trabajos. A pesar de ello ya tiene tras de sí una larga trayectoria de exposiciones, sobre todo en su tierra, en El Bierzo. Y también ha mostrado sus fotografías en diversas publicaciones.
Ármaga nos descubre con esta exposición, titulada Éter, a un fotógrafo a la antigua que no tiene cámaras digitales y que asegura, «No sé cómo funcionan. Estoy seguro de que si dejaran de fabricar carretes, antes de pasarme a lo digital dejaba de hacer fotografías. Lo mío es el cuarto oscuro y el ojo, porque lo principal es el ojo del fotógrafo».