Publicado por
Javier Martín Domínguez
León

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Qué es lo que más se parece a dos gotas de agua?. Pues sí, las cadenas de televisión. Para desconsuelo del espectador, la estructura de programación es prácticamente la misma. Y en ocasiones -como vuelve a pasar ahora- hasta los formatos de repiten. Cuando el mercado internacional decide que la moda es lanzar a famosos desde el trampolín a la piscina, en lugar de disfrutar de un formato exclusivo en un canal terminamos viendo el contenido duplicado. Ya sucedió con los bailes de salón, el precedente de las nuevas sirenas de andar por casa. Saturados primero de ‘realities’, y después de programas de autoayuda, nos llega este salpicón que conjuga el aire deportivo con el tamiz seudo pornográfico de los cuerpos mojados. La mayor virtud de esta nueva propuesta está en que las cadenas han abandonado el plató tradicional. También podría destacarse el fomento del espíritu de superación, incluida la liberación del miedo escénico y de las alturas. Pero en términos de realización y narrativa su novedad es prácticamente nula.

En ninguna de las dos propuestas. Causa cierto sonrojo ver a los jueces debatirse entre las reglas del olimpismo y la algarabía para jalear a estos nadadores en apuros. Más cercano al circo popular a lo Manolita Cheng que a los deportes de competición, los saltos de las estrellas de medio pelo causan más hilaridad que asombro. Mención aparte merece el estilismo aplicado a cada concursante que convierte el programa en una pasarela acuática de serie B. Frente a la espectacular Natalia Millán, podemos encontrar a los Falete de turno, que podrían conducir al cálculo del récord por desalojo de agua o al número de salpicados por el lanzamiento.

Este formato no creo que pase a los anales del medio, pero seguro da cierto rendimiento al circo televisivo. En los tiempos que corren sería una mejor alternativa decidir entre la audiencia a quien tiramos a la piscina. Sin duda el amplio número de políticos corruptos harían un mejor casting para alborozo de la sufrida ciudadanía. ¿Qué cadena se atreve a ser más original? Pero que no salpiquen.

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