LA FRAGUA LITERARIA LEONESA. POR MANUEL CUENYA | ANTONIO MANILLA

«El periodismo es un oficio ingrato, pero el más bello»

El polifacético autor de ‘Momentos transversales’ está inmerso en el que cree su poemario más depurado mientras espera su próximo libro en Pre-Textos

El poeta leonés Antonio Manilla.

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León

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Historiador, periodista, fotógrafo, editor en Everest y sobre todo poeta. Todo esto y mucho más es Antonio Manilla —no olvidemos sus incursiones en la narrativa—, cuyo espacio poético se halla en la localidad leonesa de Cármenes, Los Argüellos, donde se encuentran sus raíces, el lugar de su infancia y acaso su horizonte vital.

En Cármenes compartió aventura literaria con los maestros José Antonio Llamas y Ángel Fierro, «que se habían batido el cobre con éxito en la revista Claraboya y que, además, no se daban mayor importancia», aclara el autor de Una clara conciencia , el cual ha recibido prestigiosos premios de poesía como el Emilio Prados y el José Espronceda.

Manilla recuerda con afecto aquellas primeras experiencias literarias con las revistas Picogallo y Los Argüellos leoneses y aun con el suplemento cultural Concejo . «Pusimos en marcha la Semana Cultural de Cármenes, que fue la más antigua de la provincia durante décadas».

Y fruto de esa época, tal vez dorada, «publicamos los primeros textos literarios en lleunés en la prensa leonesa de la democracia, y reunimos a varias generaciones de autores en torno a una grabadora —señala—, cuando todavía ni siquiera nuestra universidad les había dedicado algún desértico curso de verano».

Asimismo, el autor del poemario Momentos transversales , que se formó como historiador en la Universidad de Oviedo, rememora aquellas tertulias literarias en el desaparecido Óliver de la capital astur, en compañía de espléndidos narradores y poetas como Silvia Ugidos, Javier Almuzara, Martín López-Vega, Víctor Botas, Pelayo Fueyo, Xuan Bello, José Luis Piquero o José Luis García Martín, entre otros muchos.

El propio García Martín, que es un reconocido escritor, traductor y crítico literario, incluyó a Manilla en su antología Selección nacional, última poesía española (1995; 2ª ed. 1998). La obra de Antonio forma parte, además, de otras afamadas antologías poéticas como La generación del 99 .

Una beca de literatura, la Valle-Inclán, que concede el Ministerio de Asuntos Exteriores, le permitió a Antonio Manilla irse, durante una temporada, a la Academia de España en Roma, lo que le puso en contacto diario con artistas de muchas disciplinas distintas: pintores, escultores, fotógrafos, músicos, intérpretes, poetas, entre otros.

«La experiencia de vivir Roma es única —explica—, sobre todo para alguien que además tiene como deformación universitaria el ser historiador y apasionado de lo romano. Una orgía».

Como periodista, Manilla ha obtenido premios nacionales como el Francisco Valdés o el Don Quijote, aunque ahora no se dedica al periodismo, ni siquiera practica el columnismo, salvo en casos puntuales. Sin embargo, sí tiene un recuerdo especial para el periodismo como «un oficio ingrato, pero tal vez el más bello del mundo».

Sus pinitos narrativos los ha hecho con algunos libros oficiales del Real Madrid para un público infantil y juvenil en la editorial Everest, para la que trabaja como editor. Y con una edición especial, que ni siquiera está a la venta, «una pena que no esté a disposición de todos en las librerías leonesas esta biografía», para el Grupo Modelo sobre el magnate hispano-mexicano Antonino Fernández, el presidente de cerveza Coronita, «un inmigrante con una infinita añoranza de su tierra», dice de este gran empresario con orígenes en Cerezales del Condado (León). «Me encontré con algo que ya conocía —puntualiza—, que se puede ser leonés y mexicano».

En su faceta fotográfica, Manilla llegó a ganar algunos concursos nacionales, aunque reconoce que hace tiempo que dejó de «perpetrar» fotografías. En su caso, la fotografía y la poesía, si bien son cosas distintas, sí comparten el protagonismo de la imagen. Y ambas disciplinas están unidas por el instante, «que es transitorio y fugaz, como la luz, probablemente inaprensible —manifiesta—, pero cuidadosamente elegido en el momento de la toma». En todo caso, sabe que, como espectador y lector de poesía, le gustan «los artefactos artísticos que conservan cierta tensión entre lo manifiesto y lo latente, entre lo que se ve y no se lee o, por decirlo de un modo radicalmente distinto, entre lo que se lee y no se ve».

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Ahora, está inmerso en el que considera su poemario más depurado, mientras espera la publicación de uno anterior en la editorial Pre-Textos este año. Incluso ya ha pensado en un título, al menos provisional, que sería Hombres, mujeres y objetos manufacturados . «Como es lógico, no tiene nada que ver —se refiere con humor al título— con los poemas que lo tendrían que sustentar. Una pena, porque se venderían al menos veinte o treinta ejemplares con un título tan sugerente e indignado ».