Diario de León

MINORÍAS ABSOLUTAS

Lib(e)ro

«La poesía puede corregir las erratas de la historia», asegura el poeta jerezano al recibir el premio Cervantes .

Publicado por
RAFAEL SARAVIA
León

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Recién superado ese día mágico que vio cómo se aliaban ya desde la muerte dos de los más universales escritores de todos los tiempos —Shakespeare y Cervantes—, uno se pregunta hasta qué día resistirá una celebración como la del 23 de abril, día del libro. Ahora que se cuestiona de manera recurrente el papel del libro, no está de más acudir al pasado para ver la revolución informativa y democratizadora de la cultura que supuso la imprenta y por ende el libro.

Ese elemento, el libro, que sigue generando deseo y anhelo pese a la prolífica avalancha de información en pequeñas píldoras que suponen los medios virtuales. Caerse en el libro supone la posibilidad de desconectarse de la poli-información que apenas nos reporta fogonazos y nos deja siempre en la epidermis de cada tema. Es un ejercicio que cada vez más se puede disfrutar si se plantea de este modo. El placer de ahondar está muy poco explotado. El placer de pararse, degustar plazos que vayan más allá de los tres minutos o de los ciento cuarenta caracteres. Saber que hay lugares donde el tiempo es necesario y se valora. Esos lugares son patrimonio de los libros, esos objetos que se miden bajo otras premisas, que tienen la magia necesaria para hacernos volar, para hacernos reflexionar e incluso para hacernos evolucionar. Pero a cambio solicitan de una moneda muy valiosa: tiempo y entrega que no todo el mundo es capaz de conceder.

Acostumbrados a esa triste —pero real— reflexión que circula por las redes y que dice textualmente: Twitter te hace creer que eres filósofo, Instragram que eres fotógrafo, Google que eres sabio y Facebook que tienes amigos.

Algunos nos damos cuenta de que el conocimiento verdadero requiere de otros parámetros y tempos. Y todos ellos se aclimatan muchísimo mejor en ese formato mágico que ha sobrevivido siglos y siglos como ente generador y guardián del conocimiento. El libro y la democracia, la pluralidad de contenidos al alcance de aquellos que quieren pensar por si mismos. De ahí el miedo a un objeto tan contundente como un libro. De ahí que haya sido tan perseguido y demonizado. Que haya sido quemado, prohibido y se hayan generado verdaderas guerras y masacres en torno al dominio y hegemonía del poder que ofrecían las páginas impresas.

Pero ya no, ya no duele de manera tan contundente. Hoy hay gobiernos que mediatizan herramientas como Google o como las televisiones y prensa nacionales —me entristece ver el camino que lleva de nuevo a la mediocridad a nuestra televisión pública española, por ejemplo—. Pero el libro, en su nueva función de elemento «arcaico» cobra de nuevo ese poder que descontrola al propio poder. La información que transfiere un libro está menos controlada y por ello le hace más libre. Más independiente si cabe. Por ello, por hacer apología de lo valioso, por ser partícipes de que el tiempo es vida y gracias a una buena inversión de nuestro tiempo, nuestra vida será también más buena; por disidencia y solícita manifestación hacia lo libre, por todo ello: libro.

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