Los últimos 600 metros cuadrados de vitrales sin restaurar esperan mecenas
La Catedral necesita dos millones y medio de euros para acabar de limpiar el conjunto.
Una operaria trabaja en la retirada del andamiaje de la última vidriera restaurada.
«Yo siempre persigo lo mismo: que el pábilo vacilante no se apague». Y con la metáfora de la luz tenue se refiere Mario González, administrador del Cabildo de la Catedral de León, a la fina —y muy costosa de conseguir— línea de subvenciones y convenios que desde hace algo más de una década han permitido al templo ir paulatinamente restaurando, con algún parón que otro, metro cuadrado tras metro cuadrado de vitrales catedralicios, uno de los conjuntos más extensos, antiguos y sugerentes del mundo.
Pero ese delgado hilo parece haberse roto: el dinero de la última firma a tres bandas entre Junta de Castilla y León, Caja España-Duero y Cabildo se ha gastado ya y el más reciente trabajo de restauración, el correspondiente a la vidriera de la cacería o del halconero, ha corrido a cargo, exclusivamente, del Cabildo de la Catedral, entidad regidora del templo que ha aportado los 200.000 euros necesarios para esa labor —un 30% gracias al cobro de entradas que se viene efectuando en el principal monumento leonés desde hace alrededor de un año—. Las piezas de la vidriera se terminaron de montar el pasado martes y en estos momentos se está procediendo a la retirada del andamiaje, labor que se prolongará hasta la semana que viene.
Balance del trabajo
Llegados a este punto, cabe hacer balance y preguntarse hasta dónde se ha llegado y qué queda por hacer en esta última gran etapa de restauraciones en la Pulchra , al menos en lo que al vidrio se refiere. Mario González recapitula y recuerda que ya se han rehabilitado 1.400 metros —la diferencia entre los paneles limpios y protegidos y los que no lo están es palpable—, por lo que en estos momentos son las vidrieras del crucero, y las del trascoro hacia atrás, 600 metros cuadrados en total, los que quedan por arreglar. Por eso el Cabildo ha solicitado una reunión con el Gobierno autonómico para intentar resucitar ese balón de oxígeno que tanto necesita la perla del gótico pero además está buscando «patrocinadores» del más diverso tipo que ayuden, cada uno en la medida de sus posibilidades, a continuar la tarea.
En concreto, y teniendo en cuenta que aproximadamente son 200.000 los euros que cuesta desmontar, limpiar, reponer si es necesario, ajustar y proteger con los últimos adelantos técnicos cada uno de los paneles, y son doce en total los que esperan turno, la cantidad necesaria para culminar la limpieza de todo el conjunto asciende a 2.400.000 euros.
«Por el momento dejamos a un lado, eso sí, los tres grandes rosetones —exceptúa González—, que también faltan por restaurar pero que por su situación, tamaño y por constar de muchas piezas pequeñas precisarían de un trabajo más costoso y laborioso».