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León

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Crítica de televisión josé maría cillero

A riesgo de resultar periodísticamente incorrecto, el estreno el domingo de El objetivo , el programa de Ana Pastor, me daba pereza. Comparto la alegría por el retorno a la pantalla de una periodista incisiva que se quedó fuera de TVE por venganza y celebro que La Sexta obtenga rentabilidad de su apuesta por los programas de análisis crítico de la actualidad política, pero mi interés por esos contenidos tiene un límite y entre sextas columnas, rojos vivos, sextas noches y más vale tardes voy servido. Si añadimos el comentario diario en clave de humor de El Intermedio y el talento semanal de Jordi Évole, La Sexta corre el riesgo de acabar muriendo de éxito, a medida que su parrilla se satura de más de lo mismo. Prejuicios aparte, el programa es entretenido.

Concebido a la mayor gloria de Pastor, que escogió el rojo para el debut y un set que recuerda al de Quién quiere ser millonario , El objetivo se centró en cuatro temas de actualidad y aplicó la técnica del fact check o de verificación de los hechos para determinar si las afirmaciones de los políticos en torno a esos asuntos eran verdaderas o falsas. Como cabía prever, los cuatro argumentos resultaron falsos, dejando mal a los cuatro que los habían esgrimido en un nada fortuito empate a dos en temas vergonzantes en el duelo PP-PSOE, no vaya a ser que las cospedales de turno acusen al programa de deriva ya desde su botadura.

Todo ello salpicado de ejemplos del retraso que sufrimos en vigor democrático respecto a lo que se estila por ahí fuera, algo que es bueno que nos digan una, dos y tres veces, pero repetirlo más puede resultar impertinente.

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Un programa que hace de los hechos su única materia prima, libre de la ristra de tertulianos que indefectiblemente llenan el resto de espacios del ramo, a los que acuden cogidos de la mano, como aquellas interminables cadenetas de monigotes recortados y cuya presencia, casi siempre en perjuicio del rigor, aporta solo ruido.