Gloria y gomina
Crítica de televisión rosa belmonte
En Los días de gloria (Telecinco), Mario Conde parecía el Gary Cooper de El manantial. Un hombre contra el sistema. Es lo que tiene haberse basado en el libro que el exbanquero publicó en 2010. La ventajosa versión del condenado es la que Helena Medina ha convertido en guión. Un guión de intrigas financieras y políticas sin concesión al colorín (faltó El Portón) y cuyo traslado a la pantalla necesitó la inclusión del nombre y el cargo cada vez que aparecía un personaje. No tengo muy claro si porque los actores no se parecían (ese González era Ángel Nieto) o porque se temía que los telespectadores no supieran ni quiénes eran los originales. La mejor caracterización fue la de Mariano Rubio. Más allá del pelucón blanco, porque estaba interpretado por el siempre impecable Pedro Casablanc.
Pero, en general, el cásting parece mejorable, empezando por el protagonista. El mayordomo de Ignacio Coca era el tipo con la pinta más distinguida de toda serie y Abelló tenía aspecto de perceptor del PER. Mario Conde estuvo calificando en Twitter de 0 a 10 las escenas, según le pareciera su literalidad, en lo que ha sido el momento metatelevisivo del año. Que Javier de la Rosa le advirtiera en el mingitorio de un restaurante de los peligros que le acechaban mereció un 10. Si una, desde fuera, tiene que opinar sobre la verosimilitud, hay varias cosas que chirrían.
¿Quién coge un avión, por muy privado que sea, en un hangar?, como se vio al principio. ¿Quién decía «sí o sí» en los 80?, como hace Conde. ¿Quién se cree que los trajes de Mario Conde fueran de El Corte Inglés? ¿De verdad una portada de Diario 16 llevaba dos fotos de Conde en la portada, una grande y otra pequeña? ¿No podían haber reproducido mejor el conocido mobiliario de la Moncloa cuando Felipe González recibe a Conde?
Como artefacto televisivo, la miniserie no es precisamente un entretenimiento modelo. Correcta y ya está. Tirando a aburrimiento. Una serie de hombres fumando. Era mejor Conde en persona hablando con Ana Rosa y dejando a Ernesto Ekaizer con un palmo de narices.