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León

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Opinión | javier martín domínguez

Los tiempos de crisis son malos para el negocio, pero en compensación suelen espolear la creatividad. Lo comprobamos durante la Transición. La inflación atenazaba a los medios, pero los periodistas demostraron ser una vanguardia en la creación de fórmulas para contar una rica realidad. Nacieron nuevos periódicos, programas de radio y televisión y una narrativa diferente. Toda crisis es un territorio fértil para la innovación, y la actual está demandando un salto adelante. El informe anual de la Asociación de la Prensa de Madrid muestra que el 85% de la población utiliza los medios audiovisuales para informarse a diario. Solo el 27% usa la prensa y un 14,4% Internet. Un dato que contrasta con el escaso espacio que las televisiones dedican a la información. Hay demanda ante la cruda realidad que nos toca vivir, pero la respuesta del medio es cicatera en el caso del duopolio de las televisiones privadas. Con los periodistas sufriendo una tasas de paro que algunos dicen solo son superadas por el sector de la construcción, cabría esperar una respuesta más decidida de los medios audiovisuales para darles cancha y ofrecer al público nuevos espacios. El gran reto está en la creación de formatos novedosos y atractivos. Aunque la televisión pública siga ofreciendo mucho más tiempo de información, también es notoria su necesidad de modernización. El lenguaje de los telediarios ha quedado reducido a titulares y crónicas de urgencia. La realidad compleja que vivimos pide más. Un periodismo más explicativo, reportajes con mayor narrativa, contraste de opiniones, más precisión y variedad. Y una adecuación al universo digital. Empezamos nueva temporada, con el cambio sustancial de Ana Blanco al frente del buque insignia de la información televisiva, el TD2. Un momento propicio para enfrentar otros cambios de forma y fondo, tanto en la pública como en los ocasiones escuálidos informativos de las privadas. Se necesitan nuevas fórmulas para experimentar, y enfocar la realidad con otros ángulos, antes de que la información sólida sea una rareza perdida.

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