'Los bravos' del Curueño rescatan del olvido institucional a Jesús F. Santos
Cerulleda homenajea al escritor que universalizó a León en varias de sus novelas

Vecinos y visitantes en el molino de Cerulleda poco antes del homenaje a Fernández Santos.
«Yo no he nacido en León, pero no es de la ciudad o la región en que uno nace o muere, sino de allí donde se vive y en tal sentido yo he pasado gran parte de mi vida al pie de la raya divisoria que separa a este antiguo reino del de Asturias. Al pie de esta línea divisoria se desarrolla mi primera novela titulada Los Bravos».
María Castaldi, esposa de Jesús Fernández Santos (1926-1988), leyó estas palabras del escritor el domingo en Cerulleda durante el homenaje que el Ayuntamiento de Valdelugueros organizó con motivo del 25 aniversario del fallecimiento de quien también eligió León para otras novelas suyas como Los jinetes del alba y Libro de las memorias de las cosas, premio Nadal en 1971, ambientada en Jiménez de Jamuz.
El Verano Cultural de Valdelugueros rescató del olvido a Fernández Santos, cuyo padre nació en Cerulleda y a donde el escritor regresaría muchos veranos hasta su muerte en 1988. El molino, convertido en casa, es el lugar donde escribió buena parte de su obra. La última, Balada de amor y soledad, fue citada por Julio Llamazares como la que contiene la mejor definición de escritor: «Gente perdida entre la niebla buscándonos a nosotros mismos».
El autor de El río del olvido recordó a Jesús ‘el del molino’, como llamaban en el pueblo a Jesús Fernández Santos, y lamentó la «simbólica ausencia de autoridades» en el homenaje —en concreto del alcalde de Valdelugueros, Emilio Orejas, y de representantes de la Diputación provincial, instituciones patrocinadoras el Verano Cultural junto con el ILC — «en el primer homenaje institucional que se le hace después del de 1986» cuando fue nombrado hijo predilecto del municipio aunque en aquella ocasión, bromeó, «no supo muy bien si fue por haber pagado la borrega».
El leonés ‘más premiado’
Llamazares apuntó a Fernández Santos como «una de las figuras más relevantes de la literatura española. Para mí siempre fue una referencia. Jesús el del molino es el escritor leonés más premiado de la historia de la literatura española», añadió.
María Castaldi agradeció el acto literario-musical y la placa conmemorativa en su nombre y en el de sus hijos, Miguel y Juan, también presentes, y cerró el homenaje con las palabras del escritor que corroboran la importancia que tuvo León en su creación: «Desde el presente al pasado histórico, a través de su paisaje y su leyenda, esta región ha dado sentido y forma a buena parte de mi obra».
Fue un homenaje del pueblo, presidido por el alcalde pedáneo y la concejala de Cultura, y para el pueblo. El periodista Fulgencio Fernández celebró que después de 20 años desde que asistió a una rueda de prensa en la que «un diputado de Cultura anunció un homenaje» al autor de Los Bravos, por fin se celebrara y en el lugar donde al escritor «más le habría gustado».
José Antonio Llamas reivindicó el «mensaje moral» de Los Bravos y Jesús Díez señaló que la novela «se asoma al escenario rural de la posguerra, los rostros de los que perviven y sus circunstancias, la pesca ilegal, el contrabando, viajantes estafadores, pero también aparecen los fantasmas imborrables de la Guerra Civil». Ángel Fierro se hizo eco de la tesis doctoral de Saúl Garnelo Merayo: «Fernández Santos no es un novelista social sino humano».