Un artista en la frontera entre la imaginería y la moda borbónica
El cambio de imagen y gusto artísticos del reino a causa de la llegada de los borbones a España, con la implantación de un estilo oficial academicista, refinado y cortesano, relegó a la imaginería tradicional hispana de asunto religioso a un declive imparable. Sin embargo, durante la primera mitad de siglo algunos escultores locales intentan adaptar las nuevas maneras sin rechazar de plano las viejas. Uno de ellos fue Luis Salvador Carmona (1708-1767), escultor prolífico y excepcional, quizá el mejor de su centuria. Su producción refleja este difícil compromiso entre los encargos oficiales, donde puso el buen hacer técnico de imaginero al servicio del nuevo lenguaje áulico, y las raíces más selectas de la talla en madera del siglo anterior, donde aplicó los nuevos criterios de exquisitez y refinamiento formal para refrenar los ímpetus de la iconografía religiosa tardobarroca.
Esta difícil síntesis entre el modelo rococó y las imágenes de culto puede verse en sus piezas, repartidas por toda la geografía peninsular, y naturalmente en esta cabeza de san Francisco, que permanece en el museo de León desde 1869. Es una de las pocas imágenes de vestir realizadas por el imaginero vallisoletano, que sólo talló la cabeza y, tal vez, las manos (perdidas) para completar el resto con el hábito franciscano en la propia tela, recurso habitual en otras piezas y muy adecuado a la figura siempre austera del poverello de Asís. La pieza, en madera tallada y policromada, se modela con suavidad y notorio naturalismo y se completa con postizos incrustados: dientes de hueso y ojos de vidrio, así como con una delicada policromía en tonos fríos que, como es excepción en otros autores, ejecutaba el propio taller del escultor bajo su supervisión.
La aceptación devocional de sus imágenes fue grande, en parte gracias a su excelente calidad media, aquí favorecida por la estrecha relación del escultor con la orden mendicante, cuyo hábito vistió en su sepelio. En 1993 la obra se montó de cuerpo entero con un hábito cedido por los franciscanos leoneses, de cuyo convento procede.