La poesía acampa en el Teleno

El tradicional ascenso al monte tutelar de los antiguos astures incluyó el montaje de una singular ‘casa-templo’, con versos y dedicatorias, en pie durante sólo una hora.

Imagen de la instalación efímera que el sábado se elevó en la cumbre del Teleno.

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e. gancedo | león
León

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La cumbre del monte Teleno, sagrado en tierras leonesas, ha visto muchas cosas a lo largo de su ya larga historia. Desde los cultos y sacrificios que los antiguos astures —y pueblos anteriores— le dedicaron como divinidad máxima, unos ritos que dejaron no pocos restos en la zona, hasta los miles de excursionistas que la hollan cada temporada e incluso, no hace mucho, la música de un tamboritero maragato que ha prometido trepar hasta allí para tocar todos los años. El del sábado fue otro ascenso único y diferente.

La actividad se enmarcaba en la tradicional subida que desde hace quince años viene organizando un grupo de personas vinculadas al mundo de la cultura en las comarcas de La Bañeza y Astorga, tierras amparadas por la familiar mole, comandadas por el escritor y editor José Antonio Martínez Reñones. En este ascenso cada miembro de la expedición ha venido llevando a cabo todo tipo de actividades, sin ir más lejos el pasado año leyó poemas el escritor Antonio Colinas en favor simbólico de un territorio en parte devastado por el terrible incencio de Castrocontrigo.

En esta ocasión, el arquitecto y poeta Luis Pedro Carnicero hizo realidad, junto con otros participantes, su objetivo de elevar en la misma cima, a 2.188 metros de altitud, la construcción efímera Casa-templo para el fuego, el agua, la tierra y el aire. Elaborada con telas, la tienda alcanzó los 3.5 metros de altura y los diez de longitud. Además, este alegórico acto se hizo acompañar con una escenificación poético-musical creada por Diego Carnicero para flautas, piedras, palos de lluvia y voz.

Poéticos bautizos

El habitáculo principal de la casa recibió el nombre de caverna de la luz y se encontraba junto al patio del aire y al resto de los distintos lugares que la conformaron, «diseñados para la palabra, la música y la contemplación», y bautizados con sugerentes denominaciones como zaguán de la tierra, fuente de la música, muro de la ocultación o ángulo de la memoria.

No es la primera vez que Luis Pedro Carnicero realiza obras de este tipo. En Madrid representó junto a sus alumnos de la Escuela de Arquitectura la obra Arquisol-lunatectura, un recorrido, como dijo, por el «unipacio y el espaverso», y construyó en Montoro (Córdoba) un cubo rojo de siete metros como «educación de la visualidad». También ha diseñado escenografías para la Montaña mágica de Thomas Mann, y para el Fausto de Goethe, entre otras.

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Por tanto, el grupo que coronó el monte después de haber partido por la vía de Molinaferrera habiendo seguido el arroyo del Cabrito, se encontró con esta construcción transitoria que fundió artes y letras y que tan sólo permaneció en pie durante una hora escasa.