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rosa belmonte
León

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Paolo Vasile es como la Olivia Pope de Scandal . A sus chicos se les llama gladiadores. A secas. La que soluciona problemas en Washington les llama gladiadores con traje (una de las gloriosas ridiculeces de la serie de Shonda Rhimes). Aquí se sobreentiende el terno. El calificativo lo reciben los principales directivos de Mediaset. Según El confidencial digital , Vasile los reunió el otro día y los arengó. Les habría dado dos mensajes fundamentales: a) No podemos perder un mes más con Antena 3, y b) Si es necesario, hay que hacer una revolución en la parrilla.

Antena 3 ha ganado septiembre, algo que no pasaba en casi 20 años. Y en octubre va por delante. Menos de un punto por delante, pero en cabeza.

Si Vasile está pensando de verdad en cambiar el modelo de televisión es algo que, de momento, no sabemos. Los estrenos de Avatar y Niños robados o las reposiciones de Pretty Woman y Belén Esteban no son más que parches. Y Telecinco no tiene El tiempo entre costuras para romper. Lo del cambio de modelo habrá que verlo, pero recuerda a aquella época de los 90 en que hubo que meter mano. En Historia de la televisión en España , recuerda Manuel Palacio una entrevista de Valerio Lazarov, entonces director general de Tele 5 (se llamaba así). En El País del 27-2-94 decía lo siguiente: «La lógica de nuestra programación se rompió: programas que normalmente obtenían una buena cuota de audiencia de repente han dejado de tenerla. Hemos encargado estudios para entender por qué el público fiel a Tele 5 ha traicionado parte de nuestra oferta. Nos reprocha no habernos puesto al día con la realidad de la crisis económica».

La gente no quiere entretenimiento todos los días. Cuando la situación económica no era tan grave, una cadena que invitaba a la juerga y a la fiesta diaria era bien aceptada. En cuando el país se crispa, el espectador dice. «Está bien el cachondeo de Tele 5 pero yo no estoy del mismo humor»».

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No creo que sea la misma situación, pero da que pensar. Y Televisión Española, mientras, a por uvas. Ahí es verdad que gana de calle.