«Me tienta irme del país, pero ocurre que no me atrevo a dar ese paso»
—Imagine que ahora mismo, de la noche a la mañana, lo nombrasen ministro de Educación. ¿Qué decisiones tomaría?
—¡Espero que no lo hagan! De joven, mi padre, que era maestro, me dejó un día al cuidado de la clase y al poco rato estaban todos los alumnos subidos a los pupitres. Tuvo que bajar mi madre, porque vivían arriba, a ver qué pasaba. Yo no era capaz de reducirles.
—¿Pero por dónde pueden pasar las posibles soluciones?
—Como mínimo, por impedir que se destruya todo lo que ha podido construirse a lo largo de este tiempo... Vamos a ver, contra lo que no se puede luchar es contra el hecho de que la gente que pudo estudiar gracias a la enseñanza pública (a mí el nombre que más me gusta es aquel de ‘instrucción pública’) envíe luego a sus hijos a la escuela privada. La gente ha votado lo que ha votado. Lo que no puede hacerse es decidir, votar una cosa, y luego quejarse. Es como esos políticos leoneses, miembros del partido en el Gobierno, manifestándose contra el cierre de las minas. ¡Pero si esa decisión ya sabe usted que su partido la va a tomar! Aclárense. O el ministro Soria viniendo a ver a los heridos del accidente y demás. Que venga a ver el funeral... el funeral de todo un territorio.
—Ha hablado en otras ocasiones del ‘retroceso’ de este país.
—Sí, ha habido un retroceso en muchos ámbitos, no sólo en educación, también en sanidad y en lo que respecta al uso de la libertad, en todo ello hemos retrocedido muchos años, pero es lo que los españoles han querido, lo que han votado. Y contra eso, o te aguantas, o intentas convencer a los que tienes al lado, o te vas del país, y en esto último estamos varios, lo que pasa es que no acabamos de atrevernos
—¿Qué es lo que nos ha pasado?
—Que hemos vivido en una ficción. Mira, la ficción aparece de nuevo. Tras las décadas de los ochenta y los noventa los españoles nos creímos ricos... y no lo somos. Algunos han despertado de ese sueño... pero otros todavía continúan en él.