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Opinión | j. m. domínguez

Desde hace ya más de medio siglo, la historia de los Estados Unidos de América se escribe con K. Con la K de los Kennedys, cuya dinastía va atravesando las generaciones envuelta en el halo mitológico que generan la genialidad y la tragedia. El certero disparo de Dallas en la cabeza de John K. aún retumba en cada esquina del mundo y la prueba está en el aluvión de programas televisivos sobre el caso al cumplirse los 50 años del asesinato. Siempre hay un nuevo dato y una nueva teoría sobre el magnicidio y sobre la historia completa del clan. Hay obras que les glorifican y otras que les cuestionan, teorías sobre conspiraciones o conexiones mafiosas, amores y amantes, opulencia y sencillez como en una novela río que hace las delicias de cualquier guionista. Canal Historia emite varios documentales con diferentes ángulos y la miniserie de ficción sobre la familia. La 2 emitió un singular análisis sobre las relaciones de la América de Kennedy con la Cuba de Castro. Destaca el foco sobre la infatigable periodista Lisa Howard que sirvió de enlace, tan vistoso como discreto, para intentar restablecer las relaciones. Operación secreta finalmente truncada por el asesinato. El origen de la fortuna familiar ya ha dado para muchas páginas. Los asesinatos de John y Robert para muchas más. El accidente de Ed en Chappaquiddick casi le dejó fuera del campo político. Su discurso magistral en la convención del 80 en Nueva York le devolvió su talla. La historia siguió con la caída de la avioneta que pilotaba John-John en el Atlántico. La estela familiar es tan alargada que incluso toca directamente a España. En marcha está un nuevo documental sobre la presencia del primogénito Joe y del futuro presidente John en la Guerra Civil española. Un tiempo de formación «sobre el terreno de conflicto», que algunos llegan a calificar de tarea de espionaje. Joe tituló su tesis doctoral ‘Intervention in Spain’. John también estuvo en la España en guerra, hace ahora 75 años al amparo de ser hijo de embajador, en un viaje no exento de riesgos. Y la historia continuará, con K.

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