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León

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Crítica de televisión mikel labastida

No creo que haya ninguna persona en nuestro planeta ni en Polifemo que no se haya enterado de que esta semana Telecinco estrenó Avatar , la superproducción de James Cameron que hace unos años reventó las taquillas.

La anunciaron durante semanas y, al final, dado su excesivo metraje, se programó repartida entre las noches del martes y del miércoles. A priori parecía un despropósito dividir la película en dos partes, sin embargo, la estrategia le ha salido de maravilla a Telecinco. Consiguió arrasar en audiencia durante dos días (es ya el filme con más telespectadores en lo que llevamos de siglo XXI), la cadena se ha situado como líder de mes y ha rentabilizado la inversión vendiendo publicidad para dos jornadas en lugar de una. Jugada maestra.

El problema es que esta forma de emitir cine marca un precedente peligroso. Hasta ahora ver cualquier película en televisión ya era un ejercicio de alto riesgo por las continuas moscas que inundan la pantalla promocionando el programa estrella del día siguiente y por los numerosos cortes publicitarios colocados de la manera más inoportuna. Que el detective va a atrapar al asesino, zas, anuncios. Que la esposa va a confesar su infidelidad, zas, anuncios. Que el niño está a punto de descubrir que es adoptado, zas, anuncios. Volvemos en seis minutos, nos advierten alegremente. Para cuando la emisión se retoma ya no te acuerdas ni qué crimen había cometido el asesino ni qué tendencia sexual tenía la esposa infiel. Imagínense ahora si en unos de esos intermedios aparecen Raphael, Bustamante y Montserrat Caballé cantando a la Navidad. Desconcentración asegurada. El público ha respondido positivamente a la propuesta de Telecinco, por lo que es seguro que la emisora repita táctica y otras la imiten

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Teniendo en cuenta que la duración de los taquillazos en el cine cada vez es mayor, oportunidades no les faltarán. Lincoln , de Steven Spielberg, se desarrolla en 150 minutos. Django desencadenado , de Tarantino, 170 minutos. El atlas de las nubes , de Tom Tykwer, 172 minutos. Queda inaugurado así el cine por fascículos.