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León

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Crítica de televisión yolanda veiga

El éxito feroz de los concursos gastronómicos ha demostrado que la cocina trasciende más allá de los chistes de Arguiñano. No se juega con las cosas del comer. ¡Pues claro que se juega! Y bien entretenido que es. MasterChef abrió el apetito de los espectadores y Top Chef , lejos de empacharnos, nos ha dejado con ganas de repetir. Porque la copia descarada del programa de TVE le podía haber salido a Antena 3 muy mal. Pero les ha salido bastante bien. Alguien con mucha visión y riesgo creyó un día que poner a unos tipos a enredar entre cazuelas podía ser un gran espectáculo televisivo. Y efectivamente, estos programas tienen un algo que nos deja pegados a la tele mientras el paisano pela un calabacín o prepara unas pochas con almejas (luego le toca a uno ponerse a la faena en casa y ya no lo encuentra tan divertido). Lo que hace de un trabajo rutinario como el cocinar un espectáculo de masas es la presión a la que se somete a los concursantes.

El espectador experimenta una inexplicable atracción cuando les ve correr a por tomates y pimientos para preparar un gazpacho al modo de su abuela. Entonces empieza la fiesta. Y los nervios, y los sudores y los cortes en el dedo. Queda minuto y medio y todavía no han empezado a emplatar.

¡Ah, es fantástico! En Top Chef, además, los participantes han tejido una trama emocional que le ha añadido al relato la sal y la pimienta. Miguel, Antonio y Begoña funcionan en plan clan y el otro día se deshicieron del enemigo común, el pobre Jesús, que sigue sin saber qué les habrá hecho. Fue una pena, porque la final habría resultado mucho más emocionante con Jesús dentro.

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¡Menudo baile de cuchillos! Esas filias y esas fobias que la convivencia genera de manera natural entre los concursantes se trasladan a los televidentes. Y nos proporcionan argumentos para juzgarles no solo como cocineros. Parecía imposible, pero la televisión ha logrado convertir un escenario tan doméstico como la cocina en una auténtica pista de baile. Y todavía nos falta el postre.