La aventura de Rogelio Blanco que puso fin al exilio del presidente Negrín
El ex director general del Libro explica el proceso que mantuvo para devolver a España el archivo del presidente.

La nieta de Juan Negrín, Carmen Negrín, el pasado viernes en Las Palmas de Gran Canaria.
Los casi doscientos mil archivos que Negrín se llevó al exilio acaban de regresar a España, archivos que resultan vitales para desentrañar una parte fundamental de la historia y cuya ‘repatriación’ ha sido posible gracias al trabajo del leonés Rogelio Blanco. La llegada de los papeles del último presidente del Gobierno de la República se convirtió en uno de los retos del director general del Libro, Archivos y Bibliotecas apenas asumió las responsabilidades de su cargo. Y fue así porque en los cientos de miles de páginas, de datos, de fotografías y cartas que componen el legado de Juan Negrín hay tesoros históricos que resultan vitales para mostrar la película que desmonte el papel de muchos de los protagonistas del gobierno de la República. Estos archivos pueden acabar, por ejemplo, con la leyenda negra del oro de Moscú, demostrando que, a pesar de lo que se fomentó desde el PSOE, el envío a la Unión Soviética no fue sino una decisión del Consejo de Ministros del 6 de octubre de 1936. Libros de Hacienda, informes confidenciales del gobierno, mapas de estrategia militar, imágenes de la guerra, el nombramiento de Azaña o datos sobre prisioneros se mantuvieron ocultos a la opinión pública durante más de setenta años, olvidados, enterrados por la leyenda negra con la que los dos bandos de vencedores —los militares en el lado nacional y los ideológicos en el republicano— sepultaron la memoria del gran científico y político español.
Describe Rogelio Blanco que la primera vez que viajó a París para reunirse con Carmen Negrín, lo hizo con gran prudencia. «Teníamos que resarcir años de abandono, durante los cuales se había ido generando un sentimiento de desengaño con el que resultaba complicado tratar», destaca el filósofo, que recuerda que se sucedieron numerosas reuniones antes de que la nieta de Negrín aceptara hablar siquiera de que el legado del político volviera a España. Además, la renuencia para con él del PSOE también le dolía. Rogelio Blanco recuerda que por entonces ya se había restituido el honor de figuras como Besteiro, Indalecio Prieto o Francisco Largo Caballero, mientras que Juan Negrín seguía cautivo del olvido. «A Negrín se le ha negado el pan y la sal», destaca Rogelio Blanco, que añade que el «escozor» que provocó esta situación en el presidente se transmitió a sus descendientes.
Exposición
Uno de los proyectos con los que se restituyó la memoria del político fue una exposición que, sobre su obra, presentó la ministra Carmen Calvo en 2006 de la que nació un gran catálogo. Fue entonces cuando se pensó en que el archivo descansara finalmente en el Archivo Provincial de Las Palmas, donde se habilitó un espacio como depósito. «Carmen Negrín permitió entonces que se pudiera ver todo excepto la correspondencia privada. Fue entonces cuando firmamos el convenio y se aprobó una partida para la digitalización. Se hicieron cuatro copias: una para el gobierno francés, otra para la familia, otra para el Archivo de la Memoria Histórica de Salamanca y la última para el de Las Palmas», explica Blanco, que recuerda el gran papel que tuvieron en el acuerdo historiadores como Sergio Millares y Ángel Viñas. «Este es el archivo del último gran exiliado de la República que queda por llegar a España», añade, 200.000 legajos que, hasta su llegada a España la semana pasada habían permanecido separados entre la biblioteca, la buhardilla y el sótano de la residencia de Carmen Negrín.
Acerca de la política que el gobierno del PP mantiene en lo relativo a los archivos, Rogelio Blanco recuerda que él dejó encauzado el proyecto para que llegara a España el de Serrano Suñer. Sin embargo, se trata de una iniciativa que ha quedado en suspenso. «Esa línea de enriquecimiento de archivos se ha detenido y, desde luego, no es por falta de dinero», destaca el anterior director del Libro, Archivos y Bibliotecas. «Muchos de los archivos que yo conseguí en mi época en el Ministerio fueron donados al Estado de manera gratuita», subraya el escritor, que muestra su profundo pesar ante el nuevo rumbo del ministerio. «Somos la primera potencia mundial en archivos históricos y una de las más importantes en bibliotecas», manifiesta, al tiempo que asegura que tiene el «deshonroso título» de haber sido el último director general del Libro, Archivos y Bibliotecas.