Publicado por
RAFAEL SARAVIA
León

Creado:

Actualizado:

Yo no deseo que las mujeres tengan poder sobre los hombres, sino sobre ellas mismas». Con estas palabras dejaba claro Mary Wollstonecraft, escritora y pensadora inglesa, allá por el siglo XVIII, una obviedad que en España –esa España moderna y avanzada que pugnaba por ocupar un lugar de privilegio en el G8- se ha puesto en duda.

La duda deja de serlo en esta sociedad. La contundencia en dictámenes que generan restricción de libertades está siendo una constante, y cuando uno cree que no se atreverán a dar un paso más grave… nos demuestran que están dispuestos a todo.

Esta Ley de Protección de la Vida del Concebido y de los Derechos de la Mujer Embarazada, con toda la ideología que conlleva ya en el título, es una ley no pactada y en contra de una sociedad civil, laica y libre. Es un despropósito hablar de protección del concebido en términos tan místicos y religiosos, teniendo en cuenta que las leyes se forjan desde una aconfesionalidad constatada para representar a todos los ciudadanos españoles, independientemente de qué fe profesen. Nada puedo decir tampoco del gran ridículo que supone aludir a la defensa de la mujer embarazada, en vez de defender a la mujer a secas. En el sentido más pleno y más amplio. Porque… ¿acaso es desligable el término embarazo del término mujer? ¿ No es por tanto una opción de elección exclusivamente suya?

La condición moral de la libertad se ha puesto de luto. En su lugar, el recelo religioso e histriónico ha tomado el control del poder soberano y nos ha hecho ver que todo es posible. Que esas épocas que uno creía olvidadas por grises y retrógradas, todavía son rescatables. España se ha atrevido a dar un paso de gigante en contra de la libertad. No un paso opresor… no. Un paso enorme que se convierte en sendero luminoso para los que atienden al despotismo más locuaz.

«¿Quién ha erigido al hombre en único juez si la mujer comparte con él el don de la razón?» Esta frase, también de Mary Wollstonecraft –fue la madre de la gran escritora Mary Shelley-, nos resume el gran problema de esta nueva ley. Una ley en la que la decisión final, pasa por innumerables actores y donde la que menos tiene que decir es la propia mujer embarazada. Una ley hecha por varones y mirando hacia otro lado cuando los resultados de la antigua ley dejan un evidente descenso de los abortos en España –un 6% menos-.

Una ley que vuelve a tratar a la mujer como ser humano de segunda, teniendo que pedir permiso para tomar decisiones personales a un tribunal ajeno y sin valor moral alguno. Una ley que abochorna a España -Francia ya lo ha hecho público-.

Cargando contenidos...

Me despido del 2013 con esta barbaridad y sólo espero que haya suficiente valentía como para estimular acciones ciudadanas para el retroceso de esta ley. Le pido eso al 2014. Decía María Zambrano que todo extremismo destruye lo que afirma. Esta ley afirma que persigue la libertad del nonato y de la mujer embarazada. Esta ley es extremista. Esta ley sólo destruye el derecho fundamental de la mujer: ser libre.