El claustro trasero del Seminario Mayor se convertirá en un gran centro cultural

Ya existe un anteproyecto para cubrirlo con el fin de que dé continuidad al Museo Catedralicio y Diocesano.

Imagen del gran claustro del Seminario Mayor, antigua sede del Intercolegial, que será cubierto para albergar el nuevo museo.

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cristina fanjul | león
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El proyecto ya se ha encargado y será obra del arquitecto Félix Compadre. El Obispado se ha puesto manos a la obra para hacer un gran museo en el segundo claustro del Seminario Mayor, un espacio desaprovechado desde que se clausuró el Intercolegial y que ahora servirá para dar continuidad al Museo Catedralicio y Diocesano. El anteproyecto plantea la posibilidad de cubrir el patio y aprovechar además todas las aulas del antiguo centro de COU y la escuela de música.

Será, por lo tanto, uno de los museos de la ciudad y tendrá una línea argumental que reflejará la historia religiosa de la diócesis. Así lo ha asegurado el director del Museo Catedralicio y Diocesano, Máximo Gómez Rascón, que precisa que la voluntad del Obispado es poner en valor los tesoros que aguardan en el almacén del museo y potenciar la historia religiosa de la Diócesis con voluntad argumental. Este gran centro artístico podría además servir de contenedor artístico al futuro Museo de Semana Santa, para el que se está buscando una ubicación. Los grandes espacios del Seminario Mayor y sus amplias entradas permitirían el paso de las tallas con holgura sin el temor de que éstas se dañaran.

Y es que los almacenes del museo diocesano albergan cientos de tesoros artísticos que se custodian con fines de rehabilitación y con el objetivo de impedir su expolio. Y una gran parte de ellas pasarán a formar parte del argumento artístico del nuevo centro cultural. «En el almacén hay alrededor de tres mil piezas. Lo que no podemos perder de vista es que el museo es una entidad viva, que no puede dejarse morir», destaca Rascón.

Precisamente, el Obispado tiene un inventario del patrimonio sacro en la diócesis y cuenta con más de 20.000 fichas que reúnen el cien por cien de las piezas de interés.

Máximo Gómez Rascón destaca que hay cuatro fuentes principales: los fondos propios del museo, las de las parroquias, obras donadas por particulares y obras cedidas en depósito por los pueblos y que están fuera del culto. El director del museo pone como ejemplo una custodia del siglo XVIII que entró en el museo el año pasado, una treinta de tallas con un gran valor popular o dos relicários de plata de los siglos X y XVI.

«El hecho de que estas piezas estén en depósito en el museo no pone en entredicho ni la propiedad ni el uso y cuando se solicita la pieza para, por ejemplo, la celebración de alguna festividad, esta se devuelve a la parroquia», manifiesta el director del museo catedralicio.

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Por otro lado, y como apunta el vicario, Pedro Puente Fernández, la custodia de estos tesoros es necesaria por cuanto que el abandono de los pueblos y la humedad que sufren la mayoría de los templos hace que la erosión se cebe con las piezas hasta el punto de que, en muchos casos, su recuperación se hace casi imposible. «El 90% de todas las piezas se encuentran en el mundo rural, donde la instalación de alarmas resulta ineficaz por su lejanía respecto a la Guardia Civil», destaca, al tiempo que pide el compromiso de la administración para conservar el patrimonio de todos.