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rosa belmonte
León

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Carmen Lomana se vio en la necesidad de escribir este tuit a las nueve de la mañana del martes: «Quiero que os quede claro de una vez que yo no soy hermana de Gloria Lomana». Para quitarse el muerto de encima, claro. Qué entrevista la de Lomana (señora de Piqué) a Rajoy. Nada esperábamos, nada tuvimos. Si acaso el cambio de registro de la entrevistadora

Tirando falsamente a Ana Pastor. Una Ana Pastor vuelta y vuelta. Erigiéndose en protagonista. Poco que ver con el modo lánguido del mes de mayo frente a Aznar, cuando ponía la muleta para que el otro soltara los titulares preparados. Una entrevista a Rajoy es la nada. Porque nada dice, aunque se preste a ser segundo telonero de El tiempo entre costuras (por detrás de El hormiguero ). ¿Bajará el IRPF este año? Sí, pero no entrará en vigor hasta 2015. Sí pero no. «¿Habrá un poquito más de reforma laboral o ya?». A mí me gustó especialmente cuando el presidente soltó: «No voy a dar datos porque no tiene sentido». De parados y cosas así. O cuando dijo: «El Rey es una persona, un ser humano». O que a la infanta Cristina le va a ir muy bien. Y empezamos a distraernos con los zapatos de la preguntadora o el color del pelo de Rajoy (¿está más claro?). Una no espera que Lomana sea David Frost con Nixon ni Bill Grundy con los Sex Pistol, son muchos años. Pero también me pregunto si Rajoy merece otro tipo de entrevista, otro tipo de interlocutor. ¿Para qué? Lo más serio con este señor que no habla sería el polígrafo del Deluxe con Conchita. Sus síes y noes eran como los de Paquita la del Barrio en Lo más plus, con la ventaja de que con Rajoy ya se sabe que no va a hablar, no te pilla por sorpresa. Quizá Carmen Lomana le habría sacado algo más. Pero para eso tendría que haber algo que sacar. «Cuando no se hace nada no se genera ningún problema», razonó a propósito de los líos de Wert y Gallardón. Que lo mismo se podría cambiar el verbo: cuando no se dice nada no se genera ningún problema. El tiempo entre costuras acabó con un beso en el templo de Debod.

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