Mezcla de palabra y ‘sentío’
Occidente, ficciones, yo (1968) fue su primer ensayo, un campo en el que se impondría sus interés por el flamenco y la poesía popular. Una afición que inspiró trabajos como Apuntes sobre poesía española de posguerra (1970), Mi música es para esta gente (1975), Memoria del flamenco (1979), Elogio de la libertad (1984), Agenda flamenca (1985), Once artistas y un dios (1986), La calumnia (1987), García Lorca y el flamenco (1992), La vida breve (1985) y Paco de Lucía y Camarón de la Isla (1998). Mezcló palaba y jondura en obras como Grandes del flamenco (1981), que incluía una antología de seis discos, o Poema de amor (1983), con música de Paco de Lucía. Puso letra a grabaciones memorables como Persecución , para Juan Peña, El Lebrijano (1978). Su amor al flamenco fue reconocido con el Premio Nacional de Flamencología en el año 1980.