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León

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Crítica de televisión mikel labastida

Saul Bass o Kyle Cooper son protagonistas con mayúsculas de la historia del cine. Nunca dirigieron una película ni la interpretaron pero sus trabajos son igual de celebrados. ¿Quién no recuerda el inquietante ojo con el que se inicia Vértigo, el cuerpo despedazado con el que se presenta Anatomía de un asesinato, o los negativos y rotuladores que se vislumbran en las primeras imágenes de Seven ? Éstas son algunas de las joyas que ellos realizaron. Los títulos de crédito, que deben situar al espectador en lo que va a ver, tardaron en lograr el reconocimiento que merecen, pese a que en ocasiones han sido incluso mejores que los filmes a los que precedían (como es el caso de American Psycho, por ejemplo). Si éstos han salido mal parados, mucho peor les ha ido a los créditos finales, en los que figuran los que han hecho posible la producción, que normalmente son ninguneados por el gran público. Por todos menos por los más cinéfilos que suelen esperar a este momento para poder descubrir datos que les han entusiasmado durante el metraje, como el título de una canción incluida, una localización o el nombre del responsable de maquillaje. Por eso es extraño que cadenas como Paramount o laSexta3, dirigidas específicamente a este tipo de consumidores, no respeten esta información. Los créditos finales son en televisión ‘lagarto, lagarto’. Los grandes jefes los ven y entran en cólera, porque consideran que mientras se emiten la audiencia se escapa y cambia de canal. Por ello apenas se están besando los protagonistas y aparece la palabra FIN las cadenas meten un promocional y enganchan con el siguiente producto. Y, por ello también, en la mayoría de series y programas los créditos se introducen en los minutos de despedida, mientras la acción concluye. Deprisa y de tapadillo, no vaya a ser que alguien los vea. Esto en la mayoría de cadenas generalistas puede tener justificación, ante el temor de fuga de televidentes, pero en emisoras para amantes del cine se hace raro. Lo mismo sucede con La 2, en espacios como ‘Versión española’, ideados para amantes del cine. Si ellos no lo aman, ¿cómo van a lograr que lo ame el espectador?

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