Diario de León

Dos maestros del hiperrealismo mediterráneo se miden en Sharon Art

Jesús e Ibán Navarro demuestran en León su gran dominio del color y la luz.

Los motivos marineros son los predilectos para el artista catalán Ibán Navarro.

Los motivos marineros son los predilectos para el artista catalán Ibán Navarro.

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marcelino cuevas | león
León

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En la galería Sharon Art nos encontramos estos días con un artista excepcional, un pintor que trabaja los materiales con las técnicas de los pintores de hace quinientos años y que, como aquellos, no es esclavo del tiempo. «Tardo más de un mes en pintar cada uno de estos cuadros —afirma—, el hiperrealismo tiene estas servidumbres. Mi idea es que las buenas obras son las que están bien trabajadas. Siempre es fundamental contar cosas en los cuadros, pero para mí la técnica es lo primordial, intento superarme en cada cuadro».

Podría pensarse, escuchando sus palabras, que se trata de un artista veterano a la vuelta de todo. Pero no, es un pintor joven y lleno de ilusiones que en esta ocasión ha venido a León acompañado de su progenitor y maestro, Jesús Navarro.

Cuando un artista consigue pintar a la perfección el aire y el agua es que ha cruzado el límite de la maestría para pasar directamente al estadio de la genialidad. Ibán Navarro es pintor de acusada juventud, de trabajo parsimonioso y exacto, de recursos renacentistas y de elegante factura. Navarro pinta la atmósfera y es capaz de llevar al papel la transparencia mágica del Mediterráneo. Incluso logra trasladar al cuadro el brillante reflejo del sol en un grano de arena. Cuando el espectador se sitúa ante sus obras siente el deseo de sumergir la mano en las frescas aguas de la costa, o de dejar escapar entre sus dedos las doradas arenas de las playas que ha pintado.

Por su parte, el comandante en jefe de la dinastía, Jesús Navarro, prefiere el óleo a la acuarela. Hace una obra simbolista llena de fuerza y también unos magníficos bodegones en los que las flores y las frutas cobran una nueva dimensión. Sus obras están llenas de belleza y poesía, con imágenes que, a pesar de su fidelidad al modelo, superan la realidad. La mayoría de sus cuadros se conservan en colecciones particulares y museos de América, Japón e Inglaterra.

Él fue el mejor maestro para joven Ibán, quien una vez más nos lleva a esos escenarios marineros que repite incansablemente. «Puede que algún día cambie de tema —dice—, pero por ahora me encanta el mar, quizá porque vivo a su lado». La madera de las barcas, imprescindibles en sus cuadros, muestran todas las texturas de las viejas cuadernas erosionadas por el agua salada. La luz adorna de hermosos matices sus pinturas… sus trabajos son todo un ejercicio de virtuosismo que parece imposible para un joven que, como quien dice, acaba de aterrizar en el mundo del arte.

Los Navarro forman un binomio de grandes artistas que con diferentes técnicas son capaces de acercarnos a un sugerente hiperrealismo.

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