Faldas cortas y alegre charlestón en Sharon Art

Elda Arangüena presenta en la galería . su evocadora exposición ‘Flapper 1920’.

Elda Arangüena, artista bilbaína residente en León, ante dos de sus creaciones.

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marcelino cuevas | león
León

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Muy poco tiempo falta para que se cumplan cien años de la eclosión del movimiento flapper . Fue allá por los años veinte del pasado siglo, una vez concluida la primera Guerra Mundial, cuando las mujeres comenzaron a independizarse, a trabajar, a lucir faldas cortas y largos collares. El charlestón ponía música a una época que dejó retratada en la literatura el norteamericano Scott Fitzgerald. Un tiempo para desterrar tabúes, para sumergirse en una vorágine que ayudara a olvidar los horrores de la guerra y que invitara al optimismo y la liberación.

Y ese momento histórico es el que ha querido reflejar, a través de sugerentes iconos femeninos, la pintora Elda Arangüena. Los resultados de este trabajo pueden verse hasta el 29 de marzo en la galería leonesa Sharon Art, en la calle Cervantes, 10, esquina con Dámaso Merino.

Arangüena gusta de incorporar a sus cuadros los materiales más diversos, en este caso cintas y telas con las que reviven los refulgentes modelos de los felices años veinte. «La idea surgió —nos dice— desde el deseo de representar el liberalismo social, el lujo desenfadado, la frivolidad y el glamour de aquellos años en los que la mujer se convirtió en protagonista de una época liberándose de la opresión machista y las ataduras conservadoras de tiempos anteriores, anticipando lo que hoy consideramos una mujer moderna».

Los lienzos de Elda Arangüena están llenos de color y muestran la atmósfera ilusionante de los años veinte. «Tanto en la temática como en la técnica —asegura— continúo con las mismas constantes que caracterizan mis trabajos de los últimos tiempos. La mujer y su mundo son el tema principal. Intento resaltar los motivos con collages, con telas que añado y coso y que se entremezclan con la pintura creando texturas y volúmenes».

Modelos imaginarios

No emplea la pintora modelos, todas sus figuras son enteramente imaginarias. «Hay veces —explica— que busco la expresión más íntima de una cara. Rostros sin ojos que ayudan a restar importancia a la misma figura, llevando la atención del espectador hacia las telas, las joyas, las ropas y los complementos que llenan el cuadro. En otras ocasiones, las menos, la figura posa con ojos. Cuando me preguntan por este caso comento que no hay una razón especial, simplemente en el momento de la creación las cosas surgieron así».

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Hay que preguntar a la pintora por el mensaje que intenta lanzar desde sus lienzos, si tienen algo que ver con el feminismo, y comenta: «No pretendo enviar ningún mensaje trascendental, sólo espero transmitir energía positiva y las buenas vibraciones que son tan necesarias en este momento. Espero que el espectador que las contemple disfrute como yo lo he hecho con cada pincelada».