Diario de León

patrimonio

Desvelan la cara oculta de Santa Catalina como hospital de peregrinos

Ramón Gutiérrez presenta su libro sobre un edificio «que jamás se había investigado».

El investigador Ramón Gutiérrez, junto al arco de entrada al antiguo santuario de Santa Catalina de Almanza.

El investigador Ramón Gutiérrez, junto al arco de entrada al antiguo santuario de Santa Catalina de Almanza.

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e. gancedo | león
León

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Los conductores que circulan por la carretera del Cea, entre Almanza y Puente Almuhey —no demasiados, hablamos de una de las comarcas más despobladas y olvidadas de León— suelen fijarse en una construcción de excelente fábrica, cada vez más invadida por la maleza, ubicada a la vera misma de la vía. Muchos se habrán preguntado por su origen y su pasado, pero poca información podrían encontrar dado que, hasta la fecha, ni un solo autor se ha preocupado por rastrear, de forma científica, sus vicisitudes.

Ha tenido que ser Ramón Gutiérrez Álvarez, un minucioso investigador que lleva ya ocho volúmenes publicados en torno a la historia, etnografía y funcionamiento concejil de diversas áreas leonesas, especialmente la Montaña Oriental y el Bajo Esla, quien ha buceado en legajos y archivos para rescatar la historia de la ermita y santuario de Santa Catalina, que contó con un importante hospital de peregrinos y que fue epicentro de una concurrida romería comarcal desvanecida en los años treinta del pasado siglo.

Gutiérrez, que presenta esta tarde —a las 20.00 horas en la sala Región del Instituto Leonés de Cultura (calle Santa Nonia, 3)— el resultado de esta investigación, el libro La ermita y hospital de Santa Catalina en Tierra de Almanza , junto a Nicolás Miñambres y Emilio Morais, comprobó las inscripciones presentes en estas formidables ruinas y otros datos para concluir que fue «una ermita construida, en parte, en el siglo XVI, con una ampliación realizada a comienzos del XVII que sustituía a otra más antigua, probablemente de los tiempos de la repoblación, de los siglos X y XI».

Preguntado por aquellos aspectos en los que radica la importancia de esta ermita-santuario, Gutiérrez enumera «el hecho de estar situada en un lugar estratégico, con varios castros en sus inmediaciones, amén de una vía romana secundaria, vías de la trashumancia, el camino real, etc. y el de ser centro de una cofradía fundada tras el Concilio de Trento y asentada en diez pueblos de la comarca, que era la que gobernaba la ermita y el hospital para pobres y peregrinos y sus bienes, que llevaba asociado».

Ramón Gutiérrez confirma que no se había investigado «absolutamente nada» sobre el tema, y que precisamente «la mayor dificultar para hacer este trabajo ha radicado en la escasez de documentación disponible». A propósito del hospital, un aspecto muy novedoso y sugestivo del edificio —la zona no consta entre las vías de peregrinaje más conocidas—, menciona Gutiérrez que en la documentación se habla «de pobres y de peregrinos acogidos en él, pero no se cita la clase, origen y destino de estos últimos. Sin embargo, la red de albergues existente entre Santo Toribio de Liébana y Sahagún por la ruta del Pando y del Cea me inclinan a sospechar que eran peregrinos del Camino de Santiago que se desviaban para visitar el Lignum Crucis de Liébana».

«El hospital estaba atendido por un hospitalero, ermitaño o santero —con estos tres nombres se le cita, especifica el autor, natural de la cercana localidad de Quintanilla de Almanza— y, según un documento del año 1573, ‘debía ser persona limpia, honesta y caritativa, y debía dar leña o fuego a los pobres y peregrinos y en algunos casos alimentos. También por una mujer que lavaba y remendaba la ropa del hospital y a la que se pagaba en ‘pan, vino e dineros’».

En cuanto al por qué se animó este investigador, profesor en diversos centros de enseñanza ya jubilado, a desvelar los secretos de esta sorprendente ruina, comenta que fue «a sugerencia de un compañero del Archivo Histórico. Ya tenía alguna documentación y a partir de ese momento intensifiqué la búsqueda en los archivos históricos diocesano y provincial, además de en la Real Chancillería». Sobre su creciente estado de ruina, el profesor aboga por «estabilizar y asegurar lo que queda» y recuerda otra curiosidad: que hace unos 25 años Máximo Gómez Rascón propuso que fuera trasladada, piedra a piedra, para ser convertida en capilla de la Universidad de León. Pero la idea, finalmente, no fructificó.

Ramón Gutiérrez también es autor de los libros Vocabulario de la trashumancia , Historias de un pueblo: Quintanilla de Almanza , El habla de Prioro , Prioro y Tejerina , Los señoríos en la Montaña Oriental de León , Villademor de la Vega , Fresno de la Vega y Los Marqueses de Prado .

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