Pallarés airea sus rarezas
El Museo de León inaugura mañana una exposición con objetos curiosos que guarda en el almacén.
Algunos de los objetos que el Museo de León ha rescatado para la exposición temporal ‘Cosas veredes, objetos de museo’.
Ser bello, raro o antiguo. Es lo que convierte un objeto en arte y en codiciada pieza de colección. El Museo de León, consciente de que la mayoría de pinacotecas y centros museísticos acaban siendo el ‘trastero’ al que van a parar los tesoros, ha querido rescatar algunas obras singulares de su colección.
Pallarés inaugura mañana la exposición temporal Cosas veredes, objetos de museo, coincidiendo con el Día Internacional de los Museos. El título es un guiño al dicho popular atribuido a Cervantes: «Cosas veredes que farán fablar las piedras».
Un huevo de avestruz, una placa de una escuela de la II República o un cráneo de una joven de dieciséis años que vivió en la Edad Media son algunos de los objetos confinados en los almacenes y que el Museo de León ha querido ‘liberar’ por unos días.
«Tienen pocas opciones de salir a la luz, salvo en ocasiones como esta, en que se reflexiona sobre su propia condición de huéspedes insólitos, relatos inéditos, cosas raras. Algunos de ellos, nunca antes expuestos, ahora nos interrogan con esa ingenua cuestión ¿por qué otros y no nosotros?», explica Luis Grau, director del Museo de León.
Entre las piezas más extrañas del museo y que ahora abandonan el exilio por unos días, está la muela de un mastodonte, estalactitas de la cueva de Valporquero, un santo de vestir, un gorro de acristianar y objetos del Frente Norte republicano de la Guerra Civil, recuperados en Puebla de Lillo.
El sábado habrá visitas guiadas gratuitas, entre las 20.00 y las 23.00 horas, por estas rarezas, como unos exvotos romanos procedentes del santuario italiano de Calvi, vasos calcolíticos hallados en Villaornate, objetos tenidos por prehistóricos que, en realidad, son caprichos naturales, y la tapa de una urna ibérica de Lorca (Murcia).
Aparte de la singularidad de las piezas, resulta interesante conocer la historia que hay detrás de cada una y cómo y cuándo aterrizaron en el museo. Son, en realidad, los ‘secundarios’ de Pallarés. Pequeños tesoros que en la ‘selección natural’ han quedado relegados en beneficio de otras piezas más extravagantes, exclusivas, hermosas y antiguas.
Entre las Cosas veredes hay además recipientes cerámicos griegos del monte Laurion, una boya de pesca con figuras de peces, fragmentos de la parrilla de un horno cerámico romano, pedazos de una vajilla medieval del siglo XV, un orinal de época moderna, un azulejo del Conde Luna y un bifaz fabricado sobre cuarcita, del Paleolítico inferior, de cerca de medio millón de años de antigüedad. Sin duda, una colección singular, de las que pocas veces se airean en los museos.
La exposición tiene también como propósito que estas piezas insólitas despierten el interés del público por las que sí se exhiben de forma permanente. «Porque los objetos no tienen vida, pero no están inanimados. En ellos laten o se agazapan sensaciones y reflexiones que rescatan vidas perdidas. Resulta curiosa y significativa la forma de relacionarse con los objetos que sucede en los museos. Curiosa porque les entregamos el poder de albergar emociones y acontecimientos que no hemos conocido», sostiene Grau.