Adiós a María Antonia Iglesias
La periodista, fallecida a los 69 años, fue enterrada ayer en el cementerio de Panxón, en Pontevedra, donde se refugió los últimos dos años debido a su enfermedad.
La periodista María Antonia Iglesias, una personalidad vehemente y comprometida.
Mujer de carácter fuerte pero sensible, y periodista combativa, María Antonia Iglesias, fallecida el martes a los 69 años, pasó por vida y oficio con tanta coherencia como pasión, dejando huella en todo cuanto hizo y, sobre todo, en quienes tuvieron la fortuna de conocerla de verdad.
El martes, en su casa pontevedresa de Panxón, en el término municipal de Nigrán, lugar familiar en donde pasaba largas temporadas y donde encontró refugio cuando la enfermedad le obligó a retirarse, el corazón de María Antonia Iglesias dejó de latir, un corazón grande en un cuerpo menudo.
Allí, en su Galicia familiar, la tierra que tanto quiso, moría «sin rencor» en su corazón enfermo una mujer que siempre se reconoció de izquierdas, algo que no entendía tuviera que ocultar, y que nunca creyó en la a veces tan cacareada independencia de los periodistas. «La independencia no existe. Nadie es independiente», dijo siempre a quien le quisiera escuchar. «Los periodistas lo que si tenemos que intentar es ser profesionales», decía a continuación. Y eso intentó ella ser en cuantos medios de comunicación trabajó desde que acabara sus estudios de Periodismo en la antigua Escuela Oficial de Madrid.
María Antonia Iglesias, hija del pianista y crítico musical Antonio Iglesias, trabajó en prensa escrita, en radio y televisión, hizo prácticas en el periódico Informaciones, escribió en El País y participó en la primera tertulia política de la Cadena Ser, La Trastienda , que dirigía Javier González Ferrari. También trabajó en la agencia de noticias Off the record, del Grupo Zeta, y colaboró en revistas como Triunfo y Tiempo .
En todos estos medios, de lo que más escribió y habló, porque era otra de sus pasiones, fue de política, que vivió intensamente en los años finales de la dictadura y los posteriores de la Transición democrática.
Primeros pasos
En las fotos de la época es posible reconocer hoy a una jovencísima María Antonia Iglesias, bolígrafo y libreta en mano, «haciendo pasillos» en el Congreso de los Diputados o asistiendo a la primera rueda de prensa en Madrid del entonces secretario general del PCE, Santiago Carrillo, horas después de la legalización por sorpresa del partido el 9 de abril de 1977, en plena Semana Santa.
Fue muy querida por Manuel Fraga, Xavier Arzallus y Felipe González, tres líderes de muy diferente procedencia ideológica, lo que contradice a quienes sin conocerla la acusaron de sectaria. Periodista de poco despacho y muy de pisar la calle y las redacciones, entre 1990 y 1996 fue directora de los Servicios Informativos de TVE, casa en la que ingresó, como redactora política, en 1984.
Fueron seis años difíciles, para ella y para Televisión Española, en los que las televisiones privadas rompieron el monopolio de la pública, también en informativos, en los que María Antonia Iglesias tuvo que luchar por la audiencia de los telediarios y soportar críticas. Tras la llegada del PP de José María Aznar al Gobierno, en 1996, fue destituida al frente de los Servicios Informativos de TVE. Antes de recoger su despacho de Torrespaña se despidió uno a uno de sus compañeros, sorprendiéndoles con un regalo: un sencillo crucifijo de plata. Y es que, otra sorpresa, María Antonia Iglesias era una mujer creyente.