ENTREVISTA

«Todo lo que ha existido deja algún tipo de vibración en el cosmos»

José Luis Puerto presenta ‘Melodías del padre’, editado por la Diputación de Salamanca

El poeta y profesor salmantino afincado en León José Luis Puerto

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CRISTINA FANJUL | LEÓN
León

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«Cuando mi padre murió tuve una convulsión psicológica mayor de lo que habría creído. Este libro es parte del proceso anímico que he ido tejiendo a partir de la conciencia e la herida». La Diputación de Salamanca, a través de su servicio de Publicaciones, acaba de publicar el poemario inédito Melodías del padre de José Luis Puerto. La obra es un breve poemario de veinticuatro páginas en el que el poeta salmantino recoge la experiencia asumida tras la muerte de su padre, Alejandro Puerto. El libro se presenta con un dibujo en cubierta de Cristóbal Aguilar Barea. Profesor y traductor de la obra de Eugenio de Andrade o Nuno Júdice, la obra poética de José Luis Puerto se encuentra marcada por la obsesión del tiempo, la memoria y el arte, apuntaron. Entre las lecturas de poetas que le han influido, se encuentran José Ángel Valente, Antonio Colinas o Claudio Rodríguez.

—No estoy de acuerdo en absoluto con la afirmación de Simone Weil que abre el libro: «Cualquier dolor es aceptable en la claridad». ¿Por que crees que el dolor es aceptable alguna vez, sobre todo el dolor radical de la pérdida del padre?

—Simone Weil vincula el dolor con la claridad. Y tiene razón. El dolor ilumina, da también sentido a nuestra condición humana. La pérdida de los seres queridos nunca es total. Siempre nos queda la posibilidad de la resurrección a través de la memoria afectiva, que es un don que tenemos.

—¿Es menor el dolor cuando produce algo bello?

—Otro de los dones que tenemos los seres humanos es el de crear belleza a partir de lo vivido, también de lo que sufrimos. La belleza no es que aminore el dolor, pero tiene una potestad y es que lo trasciende, lo lleva más allá de nosotros.

—En algunos de los versos parece que quien se ha ido eres tu en lugar de tu padre. ¿Has dejado de existir de alguna manera?

—Cuando desaparece uno de nuestros seres queridos, como, en este caso, mi padre, hay algo nuestro que también desparece, y es esa vinculación anímica que con él teníamos, marcada por toda una serie de hitos a lo largo del tiempo, que terminan configurando una constelación, que, de algún modo, termina desapareciendo en el agujero negro de la ausencia.

—¿Es este poemario una manera de destituir la memoria de tantos valientes olvidados?

—Alejandro Puerto Hernández vivió siempre a ras de suelo, llevó una vida muy dura. Trabajó en los pinos, en la siega, también en los bosques de Navarra, en Francia en la construcción, en Alemania en una fundición metalúrgica y en una fábrica de plásticos, para volver de nuevo a la construcción en Salamanca. Nunca pidió nada. Nunca organismo alguno reconoció su esfuerzo, como el de todos los emigrantes, que tanto contribuyeron a levantar el país. Acaso todos le debamos algo. Estas palabras son para su sueño.

—¿De verdad crees que todo guarda memoria de nuestro paso por el mundo?

—La memoria y el olvido serían el haz y el envés de esa moneda misteriosa en la que estamos. Todo lo que ha tenido existencia –intuyo– deja algún tipo de vibración en el cosmos, en el mundo. Nada ha existido en vano. Y esa vibración tiene siempre algún temblor en esa infinita red de la que todos somos nódulos...

—¿Cuál es el camino de vuelta? ¿Lo hay?

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—Nunca hay camino de vuelta. Siempre estamos de ida. ¿Hacia dónde? No lo sabemos. El consuelo es que albergamos dentro de nosotros, de algún modo, todo lo que hemos amado; también a todos los seres que están en nuestro territorio del amor. Y ese es un territorio de resurrección que nos acompaña durante todo nuestro estar en el mundo. Después... Dios sabrá.