EXPOSICIONES
El olvidado oficio de pintor
El onubense José Antonio Domínguez expone en Bernesga
José Antonio Domínguez
El oficio de pintor es enormemente complicado. Pero aún hoy hay artistas que se recrean en la dificultad y que demuestran en cada lienzo que las técnicas viejas, las que han sobrevivido a los oleajes del tiempo, que intentan borrarlo todo y sumirlo en el olvido, son fundamentales para que su obra tenga una prestancia infinita. Y esta sutil artesanía es solamente una pequeña parte de lo que el pintor debe derramar en su trabajo. Vienen después el derroche intelectual del artista y como no, esa obligatoriedad que todos tienen de ser notarios de la época en la que les ha tocado vivir.
El pintor andaluz José Antonio Domínguez, es un compendio de todas estas virtudes. Es un hombre veterano que desde su infancia luchó por convertirse en un pintor con oficio y cuya mirada es capaz de desentrañar hasta los últimos matices de la luz, elemento también imprescindible para alguien que ha hecho de la figuración el modo de mostrar su compromiso con el arte.
Juan Antonio Domínguez nació en Valverde de la Virgen, donde se fabrican los botos camperos que llevan los rocieros en su peregrinación a través de Doñana en busca de la Blanca Paloma. Domínguez es onubense y su mirada supera a los objetivos de cualquier cámara fotográfica clásica o digital. Es un pintor hiperrealista con una interminable lista de premios y menciones. Produce asombro ponerse ante uno de sus cuadros y admirar la perfección con la que está reproducido cada detalle de sus naturalezas muertas, como aparecen en todo su cromatismo los vidriados de los azulejos decorativos andaluces, como se percibe la atmósfera intangible en la que desarrolla cada escena. El artista es capaz de transmitir en su pintura la textura exacta de cada fruta que retrata e, incluso, la cambiante superficie de la arena blanca de las playas de su tierra.
Juan Antonio Domínguez pasa veladas interminables pintando en su estudio, pero también sale en busca de la naturaleza y se encuentra con ella en las playas del litoral onubense, lugares como el Coto de Doñana o las playas de Punta Umbría, que tienen una luz muy blanca y unas arenas también muy blancas. El pintor asegura que su pintura no hace competencia a la fotografía, Sus cuadros tienen mucha materia y no son el simple reflejo de una imagen que perciben los ojos, son una interpretación subjetiva de la realidad, tienen algo de escenario de una representación teatral, son retazos de sus emociones, fragmentos de una vida comprometida con la pintura. En sus cuadros hay siempre un ligero toque de surrealismo y una caligrafía impresionante, Juan Antonio Domínguez dicta en cada cuadro una intensa lección de buen hacer pictórico.
Los bodegones del pintor son un auténtico ejercicio de virtuosismo. El artista de Valverde del Camino pinta sin prisa sus retratos de frutas, consiguiendo que las cerezas, los membrillos, los limones o las sencillas castañas, se conviertan en imágenes perdurables. El pintor no añade nada, simplemente pinta con asombrosa maestría el rincón donde se encuentra su motivo, con la textura de las paredes, con el milagro de la luz que baña la escena, los colores y las formas con los que la naturaleza ha dotado a sus motivos. Y como en aquellos maravillosos bodegones del barroco español, ante estos cuadros se siente casi la necesidad de coger los frutos y deleitarse con su frescura.