Emilio Lledó gana el Nacional de Las Letras

«El oscurecimiento de las humanidades es la muerte de un país» lamenta el pensador, catedrático y académico.

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miguel lorenci | madrid
León

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Emilio Lledó es un íntegro ‘filósofo de guardia’ que con los pies en la tierra, entre la docencia y la decencia, lleva toda un vida empeñado en llevar la filosofía al lector común. Un empeño por el que recibía este martes el Premio Nacional de la Letras que reconoce su trayectoria y que el catedrático y académico «acepta» desde «el respeto y compresión» hacia quienes rechazan premios públicos. Dotado con 40.000 euros, distingue a Lledó «por su pensamiento» y la «dilatada obra que armoniza la filosofía del Logos, la hermenéutica, el valor estético y ético de la palabra, la defensa de la libertad y reivindica la vocación docente». Lo recibía con 87 lúcidos años en la misma jornada en la que los editores le otorgaban el Premio Antonio de Sancha.

¿Corren malos tiempos para la filosofía y la cultura? «Quiero creer que no. El oscurecimiento de las humanidades, de la filosofía y la literatura, suponen la muerte de un país», explica el pensador minutos después de un fallo que destaca su aportación de «una vía filosófica propia en la que el saber antiguo ayuda al saber presente». A juicio de Lledó estas disciplinas «son muchísimo más importantes que la economía». «Lo que está en nuestra mente, la cultura, los ideales que seamos capaces de tener, son la riqueza de un país; por más que la economía sea importante, es marginal, en el buen sentido de la palabra». «La especulaciones financieras son la pobreza suma» apostilla el autor de Memoria de la ética.

« La sociedad y los medios deben darse cuenta de la importancia de la educación intelectual, de la lectura y la cultura», apunta como fórmula para sacar a la educación y la cultura de la UVI. «La riqueza de un país no radica en su suelo, su industria o los negocios que cierra; se mide por lo que hay en el cerebro de su gente y por la libertad de la enseñanza que enseña esa libertad» asegura. Para el jurado es Lledó «un gran ensayista y un divulgador de alto nivel» además de un «defensor de la lectura, la felicidad, el silencio, la belleza y la verdad». Aunque no piensa reclamar la necesaria revitalización cultural de manera directa «ni al ministro de Cultura y Educación ni a nadie» dice que no dejará de batallar «para que todos tengamos conciencia de que es fundamental». «Confío en que quienes tienen el poder político se den cuenta de la importancia de las humanidades para que seamos un país rico en todos los sentidos». «Esa conciencia es la vida y soy optimista; no creo que nadie desee la muerte de un país, de modo que espero que el entusiasmo por la humanidades vuelva a latir».

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