Diario de León

CICLO SOBRE NOVELA HISTÓRICA

Ángeles Caso: «La única obligación de la novela es tener alma y vida»

La escritora insistió ayer en que los géneros no existen, sólo hay obras «buenas o malas»

El director de Diario de León, Joaquín Sánchez Torné, junto a la escritora, periodista e historiadora asturiana Ángeles Caso

El director de Diario de León, Joaquín Sánchez Torné, junto a la escritora, periodista e historiadora asturiana Ángeles Caso

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PABLO RIOJA | LEÓN
León

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«Todo el mundo me dice ‘debes hacer tal o aquella cosa...’ pero el terreno del arte es lo contrario al debes hacer...» (Vasili Kandinski). Así, parafraseando al pintor ruso comenzaba ayer su intervención la escritora e historiadora del arte asturiana Ángeles Caso, segunda invitada del ciclo Apuntes y reflexiones sobre la Novela Histórica que organiza el Club de Prensa de Diario de León bajo el patrocinio del Banco Sabadell Herrero y la Fundación Villalar.

Convencida de que los géneros literarios son una invención de editores, libreros y algunos escritores, la también periodista insistió en separar historia de novela. «El terreno de la historia exige sobre todo un rigor absoluto de los hechos. Cuando un historiador interpreta debe dejar claro al lector que está llevando a cabo una hipótesis, mientras que el novelista en cambio es libre», argumentó. «La única obligación de la novela es tener alma y vida», por lo demás «no importa si tiene 40 o 1.000 páginas, si está escrita en presente, pasado, futuro o en diferentes estilos». Para Caso, lo realmente necesario es conectar con el lector. Aclaró, eso sí, que hay que respetar la recreación del ambiente. «Un caballero del siglo XVIII no puede decir: ‘Quedamos a la siete en la puerta de la Iglesia’ porque en aquella época no se utilizaba ese lenguaje».

El arte del buen escritor radica en lograr que el lector sea capaz de «creerse sus personajes» aunque sean irreales y todo resulte falso cuando regresas a la vida real. «La novela no es otra cosa que un pacto entre autor y lector en el que éste último está dispuesto a aceptar cualquier cosa». De hecho, la ganadora del Planeta en el año 2009 —amante confesa de la ciencia ficción— aseguró que cuando deja de creer en un libro lo cierra «inmediatamente».

«Todos tenemos personajes de ficción que nos acompañan durante toda la vida incluso con mayor fuerza que nuestros propios amigos, algo similar a lo que le pasó a Don Quijote de la Mancha, que al final terminó por confundir realidad con ficción».

La ponente, entregada a un público que abarrotó la sala de principio a fin casi sin pestañear, defendió su tesis poniendo sobre la mesa sus propias obras. «Yo he escrito novelas que tristemente se catalogan como históricas por el simple hecho de que giran en torno a personajes reales del pasado, pero no lo comparto. Si como ensayista estoy obligada a mantener un rigor absoluto, como novelista siempre invento todo lo que sea necesario para que ese personaje cobre vida». Buen ejemplo de ello es su libro Elizabeth, emperatriz de austria-hungría, donde «cuento muchas cosas que son verdad, pero no todas porque sería imposible». El escritor —prosiguió— «tiene que recrear el alma de cualquier personaje sobre el que escriba como si fuese un actor». Algunos escritores «se niegan a renunciar a todos los conocimientos que han aprendido y construyen una novela verídica pero poco verosímil. Yo misma he vivido en mis carnes esa incapacidad para desechar datos. A este tipo libros suelo llamarlos novela arqueológica», matizó.

Durante su ponencia también tuvo tiempo para advertir al lector sobre algunos «engaños» que determinados ‘expertos’ en novela histórica suelen introducir en sus libros movidos —en la mayor parte de los casos— por un márketing que no respeta a nadie. «El Código Da Vinci tendrá fuentes fiables, cierta rumorología que habría que estudiar si es cierta, pero lo que no puede ser es que se venda como algo histórico. Engañar así a las personas «no es honrado» y «me molesta profundamente», puntualizó. «No creo en los géneros, sólo en que hay novelas buenas, excelentes, malas o mediocres». Antes de finalizar su charla, la autora de Contra el viento, subrayó que una de las cosas más difíciles a la hora de escribir es toparse con buenas historias. «Dar vida a una novela es como escalar el Everest sin oxígeno y luego bajarlo. Me sorprenden los autores que disfrutan escribiendo porque tenemos tal exigencia con nuestro proceso de creación que se genera mucho sufrimiento. Es difícil plasmar en palabras lo que piensa tu cabeza. Para enfrentarme a ello necesito una idea que me obsesione y casi nunca llega».

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