Ara Antón. escritora
«Las mujeres han gobernado el mundo en la sombra»

La escritora leonesa Ara Antón presenta ‘La dama de Europa’.
En su nueva novela, La dama de Europa Leonor de Aquitania, la escritora leonesa Ara Antón vuelve a profundizar en la vida de una mujer relevante en su época a la que sin embargo el paso del tiempo no ha hecho toda la justicia merecida.
—¿Qué le llamó la atención del personaje?
—Que fue una mujer que no se resignó a ser simplemente una máquina reproductora. Era consciente de sus capacidades y estuvo dispuesta a emplearlas en bien de sus tierras, su familia y, por su puesto, de sí misma. A lo largo de su vida hubo de sufrir toda clase de disgustos y agresiones, desde la pérdida de ocho de sus diez hijos, hasta una larga reclusión de más de dieciséis años, que no sólo no acabó con su empuje sino que le valió para ‘recargarse’ y, cuando ese tiempo acabó, se encargó de nuevo del reino, imponiendo en Inglaterra a su hijo Ricardo. Y al partir el nuevo rey a la Cruzada, sobre sus hombros de anciana recayó de nuevo el gobierno.
—¿Comparte la opinión de escritoras como María Teresa Álvarez o Ángeles Caso de que la novela histórica no es una clase de historia?
— No exactamente. Pienso que puede ser más de una cosa. Por encima de todo ha de ofrecer entretenimiento y motivos para pensar y descubrir, y si además, como en el caso de mis novelas, respeta y consigna los datos históricos, haciendo que el lector conozca al personaje o el momento histórico, mucho mejor. De hecho creo que la novela histórica puede ayudar a digerir la Historia sin empachos.
— Siempre le ha dado una especial importancia al papel de la mujer...
— Desde que el hombre tiene recuerdos, hemos vivido en una sociedad hecha y dirigida por varones. La mujer ha estado relegada al papel de esposa y madre por esos mismos hombres dueños del poder y la fuerza. Las féminas han tenido que ingeniárselas para hacer su vida y la de los suyos. Las muy inteligentes y capaces lo han logrado, disimulándose la mayoría de las veces tras El velo, que da título a mi primera novela, pero aún así y casi siempre en la sombra, han gobernado el mundo o simplemente sus hogares con mucha inteligencia y sobre todo con su aguda intuición, que le llega, sin intermediarios, de la tierra y la vida.
—Me gusta una frase suya que dice algo así como: ‘Las mujeres luchan cuando deben hacerlo y callan cuando salen derrotadas...’
— Es algo inherente a su naturaleza eminentemente pragmática. No pierden el tiempo en alharacas o en exhibiciones vacías; simplemente reservan sus energías para los momentos en que puedan aplicarlas.
—A la hora de sentarse a escribir una novela histórica, ¿le resulta complicado equilibrar los datos rigurosos con una buena ficción?
— No. Lo más pesado es la compilación de datos. Una vez realizado ese trabajo, sólo tengo que sentarme y teclear. A veces digo que escribo al dictado y creo verdaderamente que es así. Las lecturas, experiencias vitales, aprendizajes y, sobre todo, los saberes de todos nuestros antepasados, transmitidos en nuestros genes, están a la espera de poder salir y expresarse. Yo les ofrezco la oportunidad.
— Una experta en historia de España como usted, ¿cómo valora la situación actual del país?
—Francamente preocupante. No veo verdaderos deseos ni proyectos realistas de cambio. Cuando escribí Espaldas con alas, la vida de San Agustín que, como todos saben, se desarrolla durante la caída del Imperio Romano, encontré grandes similitudes con nuestro actual momento. Espero que haya sido una apreciación personal y no estemos asistiendo a la caída del Gran Imperio de Occidente.
—¿Tiene solución?
—Seguramente la habrá. Deberíamos parar esta vorágine de despropósitos y comenzar a construir; pero construir un país, no este o aquel partido político; eso sólo dará para comer o para derrochar a unos pocos. Yo hablo de todos y para todos.
—Ha ganado varios galardones importantes a lo largo de su carrera como el de narrativa Camilo José Cela. ¿Los considera importantes para alcanzar reconocimiento en el mundo literario?
—Los galardones están bien y los recibes con agradecimiento, pero, al menos en mi caso, han servido para tomar conciencia de que tengo que hacer mi trabajo o mi ‘misión’ aquí de la mejor manera posible.
—En su columna El descenso a los infiernos ‘Demonios del inconsciente’ habla del vicio y la impunidad como auténticos males de esta sociedad. ¿Necesitamos un exorcismo a gran escala?
—Realmente creo que uno de los más grandes problemas de nuestra sociedad es esa cultura del ‘pasarlo bien’. No estamos concienciando a nuestros descendientes de que la vida, aunque sea hermosa y digna de ser disfrutada, también es un camino y una misión, que cada uno hemos de desempeñar lo mejor posible, por el bien propio y el común. La juventud necesita metas y objetivos a alcanzar. El botellón y el sexo son fáciles y aburridos, por eso no tienen ningún empeño vital y eso es destructivo para ellos como personas y para el país como sociedad.
—¿Con qué personaje de la historia se queda y cuál borraría?
— No tengo un personaje favorito, pero si tuviera que elegir, sería siempre una mujer porque sé muy bien cuánto hay que luchar para destacar en un mundo de hombres y los grandes valores que hay que poseer. Y no No borraría al personaje pero sí su leyenda. El Cid no fue más que un hombre de su época, ambicioso y con grandes valores, capaz de salir de su terruño para escalar los puestos más altos, pero no hablamos en modo alguno del ser perfecto he incomprendido que nos presenta El Cantar y que tanto se ha utilizado en contra del Reino de León.