ANÁLISIS

Un infiltrado en la colección

El nuevo equipo creado por Manuel Olveira para sustituir a Octavio Zaya, José Guirao, Estrella de Diego y Víctor del Río no es una simple figura decorativa sino que tiene que cumplir una serie de retos que no cuadran con el perfil que de ellos ofreció el director

León

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Ellen Blumenstein, Bruno Marcos, Alberto Martín Expósito y Helena Tatay. Son los nombres del flamante equipo asesor del Musac, un grupo con el que Manuel Olveira cierra 17 meses sin comité tras la estampida protagonizada por Octavio Zaya, José Guirao y Víctor del Río (la catedrática Estrella de Diego había abandonado el barco con anterioridad). Si bien las comparaciones siempre resultan odiosas, llama la atención que ninguno de ellos pertenece a Adace, la asociación de directores de arte contemporáneo de España, si bien ni el propio director ni siquiera el museo están ya en este grupo al que sí pertecen el Reina Sofía, el Macba, el Artium, La Casa Encendida o centros más modestos en apariencia que el Musac, como el CAB de Burgos o La Panera. Además, se echa en falta la presencia de alguien con experiencia en gestión de museos, función que sí ejercía José Guirao, actual director de Casa Encendida y antiguo responsable del Reina Sofía. Resulta extraña la ausencia de personas con experiencia en la puesta en marcha y desarrollo de una colección. La única que, en apariencia, podría ‘amoldarse’ a esta función es Ellen Blumenstein, conservadora jefe del KW Institute de Berlín. Sin embargo, este centro no se un museo sino una kunsthalle, una galería de arte que, por lo tanto, no tiene colección.

La vertiente de independencia y peso internacional que aportaba Octavio Zaya se ha perdido. Y es que, si bien todas las fuentes consultadas coinciden en señalar que la catalana Helena Tatay es una profesional con criterio, carece de los contactos internacionales que sí tenía el curador canario. Gran parte de los grandes artistas y comisarios internacionales que colocaron el Musac en el mapa y le dieron repercusión mundial llegaron gracias a él. Conocedor del Musac, Alberto Martín Expósito es la apuesta de Olveira por la continuidad, ya que trabajó para el museo durante la dirección de Rafael Doctor y Agustín Pérez Rubio.

Faceta académica

La faceta académica que antes cubrían la catedrática Estrella de Diego y el profesor Víctor del Río se ha querido llenar con Bruno Marcos, cuyo currículo se resuelve con una licenciatura en Bellas Artes y en una más que evidente beligerancia con el Musac. El nuevo integrante del comité artístico del museo se aplicó durante años en destruir el proyecto, criticando muchas de las exposiciones así como a sus responsables.

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Una web ya cerrada, E-norte, sobre la que ha pasado de manera muy oportuna la apisonadora del derecho al olvido, fue la plataforma desde la que este licenciado en Bellas Artes ‘vomitó’ quina contra los responsables del centro. Su visceralidad le llevó a calificar el Musac de ‘ovni’, a definir la colección como ‘cachivaches’ y a burlarse de manera infantil de la orientación sexual de Agustín Pérez Rubio: «Y su periodistita de cabecera, de cámara, o mejor, de tocador...», decía en un artículo a propósito de una entrevista que esta redactora había hecho al director. Llama por lo tanto poderosamente la atención que una persona para la que el Musac no es más que un museo «surgido de ideas perversamente estúpidas» haya aceptado formar parte de él, a no ser que todas aquellas diátribas de diván no fueran sino una manera de simular la herida de un orgullo herido. Aunque, en realidad, eso no es más que la anécdota. La categoría está en saber si basta el insulto para formar parte de este nuevo Musac.