Chile construye una iglesia de Gaudí
El proyecto fue diseñado por el arquitecto catalán en 1909 como favor a un franciscano.
Christian Matzner.
Trece veranos después de que, en 1909, la obra de Antoni Gaudí le cortara la respiración, el padre Angélico Aranda, un franciscano chileno, decidió pedir un favor al genio de la arquitectura prometiendole sus «correspondientes oraciones». Tras casi un siglo de espera, su sueño es hoy una realidad.
Y es que, en 2015, en una pequeña ciudad del corazón de Chile se va a poner la primera piedra de la capilla Nuestra señora de los Ángeles. Se levantará en función de un boceto de Gaudí que le regaló al religioso chileno en 1922 y se convertirá en la única obra del artista español fuera de su país.
«La historia de esta capilla es uno de los relatos más fascinantes que he conocido nunca», explicó a Efe el arquitecto chileno Christian Matzner, uno de los artífices del proyecto, encargado de hacer realidad el anhelo del franciscano chileno que ahora cuenta con el beneplácito y la financiación del Gobierno de Chile. El proyecto, que además de la capilla contará con un espacio cultural subterráneo y una gran plaza, se emplazará en el Parque Cataluña, un terreno de 14 hectáreas en la ciudad de Rancagua, a 90 kilómetros al sur de la capital chilena. De ahí que, en 2017, este remoto lugar se convertirá en la única localidad fuera de España en la que se alzará la obra de uno de los arquitectos más relevantes de todos los tiempos.
Poco o casi nada de la vida del fraile se sabe con certeza, pero según indicios fue en 1909 cuando el chileno Angélico Aranda, procedente de Roma donde estudió pintura, puso el pie por primera vez en una Barcelona revolucionada, en el que las laberínticas callejuelas convivían con los cambios urbanísticos inspirados en la grandeza de París. A las afueras de esa ciudad ferviente, el fraile enamorado de la arquitectura y especializado en pintura sacra, descubrió el inconmensurable talento de Antoni Gaudí -que aún no gozaba de la reputación actual- al contemplar por primera vez lo que calificó de «gran maravilla».
La obra que cautivó al entonces joven fraile de paso por la capital catalana era la Sagrada Familia, actualmente considerada la obra más emblemática del arquitecto, que en aquel entonces solo estaba constituida por unas cuantas torres inacabadas.
Prueba de la fascinación que le suscitó el gran templo barcelonés es que en su dietario, el fraile, se cuidó de poner a salvo de los estragos de la memoria descripciones de la emblemática obra junto a un autógrafo del artista, testimonio de su encuentro con el universal arquitecto en 1909 en la ciudad condal.
«Admiré un templo, cuya construcción lleva cerca de treinta años, el cual será una de las maravillas de la arquitectura moderna», apuntaba el culto franciscano en una carta escrita para un superior de su misma orden.
Relación azarosa
Años más tarde, el fraile radicado en la pequeña ciudad chilena de Rancagua, había de evocar la fascinación que sintió ante esa gran obra espiritual en Barcelona, al barajar la posibilidad de levantar, en su parroquia chilena, una capilla en honor a la Virgen de la Asunción. «Este tipo de capilla, también llamada porciúncula, es una construcción típicamente franciscana, dedicada a la indulgencia y a la pobreza que San Francisco de Asís empezó a levantar en el siglo XIII, como reacción a la ostentosa vida clerical de ese periodo», explicó la arquitecta Beatriz Valenzuela, secretaria ejecutiva de la Corporación Gaudí de Triana, encargada de llevar a cabo la construcción del proyecto gaudiniano.
La voluntad de dotar a Rancagua de ese espacio de indulgencia fue el origen de una ingenua carta en la que, presentándose como un «admirador suyo», el religioso chileno le pidió a Gaudí el diseño de unos planos para la construcción de la capilla, prometiendo, a cambio, pagar con las «correspondientes oraciones».