PATRIMONIO

A San Isidoro los frescos se le ‘pudren’

«Son el mendigo» de la colegiata, tras años de espera para ser restaurados.

León

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«El mendigo de San Isidoro». Así define el abad de la colegiata, Francisco Rodríguez Llamazares, al Museo de San Isidoro y las pinturas murales de la joya del románico. Es la gran obra que queda pendiente. La restauración a la que se comprometió hace nueve años la antigua Caja Madrid (hoy Bankia), por importe de dos millones de euros, y que dejó empantanada. En los presupuestos de la Junta para este año figura una partida destinada a San Isidoro por importe 150.000 euros que el gobierno autonómico anunció que destinaría preferentemente al Panteón Real y al claustro.

Los frescos del Panteón Real y del resto de las estancias de la joya del románico llevan décadas esperando una rehabilitación que, en algunos casos, llegará tarde.

La restauradora Natalia Martínez del Pisón, la historiadora Carmen Rebollo Gutiérrez y el doctor en Químicas Enrique Parra Crego realizaron hace cuatro años un exhaustivo análisis del estado de conservación de la llamada ‘Capilla Sixtina’ del románico, así como de los restos pictóricos del claustro y de otras dependencias de San Isidoro. Su informe pone en evidencia los ‘daños colaterales’ de algunas obras llevadas a cabo en la colegiata, como en la cámara de Doña Sancha, conocida también como la cámara del tesoro, cuya reforma desmanteló buena parte de los frescos renacentistas que decoraban esta estancia.

En 1959 el arquitecto Menéndez Pidal aconseja que la cámara de Doña Sancha recupere el aspecto original. Fue entonces cuando encargó a su amigo, el experto catalán Antonio Llopart, que arrancase los frescos renacentistas. Sólo dos se salvaron: la crucifixión y la conversión de San Agustín. Las pinturas —la mayoría escenas de la vida de San Isidoro— se ‘despegaron’ de la pared y se preservaron en cuatro rollos envueltos en papel de periódicos del 10 de abril de 1964 en la Capilla de la Magdalena.

Efectivamente, el Diario de 29 de abril de ese año relata los trabajos de Llopart, que explica que los frescos son retirados por tres razones: «Porque el enlucido sobre el que están pintados se está desprendiendo, porque el aposento ganará en valor arqueológico al devolverle sus ventanales al primitivo estilo que tuvo siglos antes, y porque bajo estas pinturas hay otras más antiguas de mayor interés».

Llopart llevó en secreto toda la operación. El anterior abad, Antonio Viñayo, fue testigo de cómo arrancaba los murales impregnando pequeños paños en cola y pegándolos a los frescos. Después, mojando otras telas en leche las adhería al reverso, para que las pinturas se pegaran a ellas, de forma que estos lienzos suplieran, como soporte, a la pared.

Tras permanecer 52 años enrolladas, las pinturas fueron extendidas y analizadas por Martínez del Pisón, Rebollo y Parra Crespo. De eso han pasado cuatro años y continúan en ‘lista de espera’ para ser restauradas.

Los grafiti

En la capilla de los Quiñones los frescos fueron prácticamente aniquilados en el siglo XVI cuando la sala se transformó en panteón funerario de esta noble familia, aunque aún quedan 40 metros cuadrados de pinturas.

Más curioso aún es el caso de la capilla de los Omaña. El abandono de esta estancia, situada en el claustro, provocó la ruina de casi la totalidad de las pinturas murales que revestían sus muros. Las paredes de la sala aún preservan ‘grafitis’ y escrituras de diferentes manos y épocas, como evidencian los distintos alfabetos utilizados por los autores. Hay desde letras góticas minúsculas a grafías cortesanas del siglo XV, desde el dibujo de un obispo imberbe a una cabeza femenina de grandes dimensiones.

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«Soy un hombre de fe», asegura el abad, confiado en que la Fundación Caja Madrid, la Junta o alguna institución acabará por financiar la restauración de los espléndidos frescos de la colegiata, incluidos los del Panteón Real. En los años 70 el citado Llopart llevó a cabo aquí labores de limpieza, consolidación y fijación de la pintura. En los años 1982 y 1984 el ICROA (Instituto Central de Restauración de Obras de Arte) realizó actuaciones puntuales en el Panteón Real, pero no intervino en todo el conjunto, sino que dio prioridad a las zonas más delicadas. El informe de 2011 detectó importantes pérdidas de muro, suciedad y algunas patologías no remediadas en anteriores restauraciones.