Diario de León

exposición

La piedra, la luz y el agua de José Olivé toman la galería Bernesga

El veterano acuarelista ha querido plasmar, entre otros temas, la plaza Mayor .

El catalán José Olivé lleva exponiendo en León desde 1962.

El catalán José Olivé lleva exponiendo en León desde 1962.

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MARCELINO CUEVAS | LEÓN
León

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El pintor catalán José Olivé es un hombre tranquilo capaz de contemplar con calma cada rincón del paisaje que explora. El artista vive el esplendor de la naturaleza, el misterio de las viejas piedras que componen la arquitectura de las ciudades, la belleza de los pueblos que se esconden tímidamente en los valles de alta montaña. La mayor virtud del pintor reside en su retina, que actúa como el mejor sensor digital acaparando todo el cromatismo del espectáculo que se abre ante sus ojos. Y, además, en el pulso firme para trazar esas caligrafías acuarelísticas que deben ser siempre perfectas, pues esta técnica no permite la repetición ni la rectificación.

Una vez más, José Olivé llega a León con los deberes bien hechos en forma de paisajes naturales de toda la Península Ibérica. Además de sus impecables marinas, el artista catalán ha querido identificarse con la ciudad y ofrece en su última exposición, en la sala de arte Bernesga, una particular versión de la plaza Mayor leonesa, de la iglesia de San Martín y de lugares más modernos como la plaza de Guzmán.

Las acuarelas de Olivé son un prodigio de dibujo y en ellas se ofrece una amplia visión paisajística del mundo en el que el pintor vive. «Se me hace imprescindible —dice— pintar de vez en cuando algún tema marino, yo nací en Cataluña y en cuanto huelo a mar siento una fuerza irresistible que me arrastra a pintar la delicada y cambiante belleza de la superficie marina». En sus cuadros hay también una atención especial a los pequeños barcos anclados en recoletas calas, que le sirven de pretexto para realizar maravillosos juegos de luces y sombras, destacando sus atardeceres, enormemente sugerentes, y muy alejados de cualquier convencionalismo.

Crítica de Crémer

José Olivé, que hizo su primera exposición en León allá por 1962, es un hombre de mundo pero recuerda con enorme cariño las críticas que en su momento hiciera de su obra el recordado Victoriano Crémer. «Era —comenta— un hombre encantador, de conversación fácil que contaba anécdotas muy divertidas. Además tenía una gran sensibilidad a la hora de enfrentarse con la pintura. Yo le recuerdo mucho de mis exposiciones en la Obra Cultural de la Caja de Ahorros, hace ya cincuenta años».

Hijo del reconocido acuarelista Ceferino Olivé, empezó su carrera a muy temprana edad, teniendo siempre como referencia a la figura paterna. De él hereda todo el talento y disciplina en este arte. Asimismo, cursó estudios en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos, teniendo como profesores a Revello de Toro, Gimeno y Jaime Muxart, especializándose en dibujo y pintura y, al mismo tiempo, conociendo otras técnicas artísticas. En 1962 realizó su primera muestra, continuando su carrera de éxitos hasta el momento actual.

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