MÚSICA INDEPENDIENTE
«Ya sonamos en bodas, colegios y supermercados»
«Es cierto que hacemos una música muy familiar, pero es que el ‘indie’ se está convirtiendo en música familiar», dice la voz de este inquieto y experimentador grupo que hoy recala en el Gran Café de León.
Los integrantes de esta banda gallega de indie-pop. Eladio Santos es el segundo por la izquierda.
Opina Eladio Santos, voz, guitarra y alma del grupo gallego Eladio y los Seres Queridos, que su grupo transmite «una especie de gozo melancólico muy contagioso», un gozo del que parecen participar cada vez más personas a tenor de su creciente éxito a lo largo y ancho de festivales y salas de todo el país. Hoy aterrizan en el Gran Café de León para presentar su nuevo disco, Orden invisible: música sinuosa y sugerente, ilustrada con letras luminosas e idónea para soñar y afrontar con dignidad las penurias y alegrías del día a día.
—¿Cree que es suficientemente preciso el término ‘indie’ para designar esa inmensa explosión musical acontecida en todo el mundo? ¿No caben ahí dentro tendencias y caminos demasiado dispares?
—Sí que caben dentro un montón de cosas muy dispares; dispares en todos los sentidos, estilo, actitud, estética, etc., pero es normal que usemos etiquetas… Hasta los que dicen odiarlas las usan en su vida diaria para hablar de música. Yo defino indie como todo eso que no pega en ninguna otra etiqueta musical (risas)… ¡Nosotros llevábamos barba y camisas de cuadros antes que nadie! Y para algunos somos indies y para otros no… Es cierto que hacemos una música muy familiar, pero el indie se está convirtiendo en música familiar. A nosotros, por ejemplo, nos ponen en bodas, colegios y supermercados y no sonamos fuera de lugar… hemos sido muy transversales. Si nos califican como indies nos parece bien y si dicen que somos poco indies, ¡pues también nos parece bien!
—Echando un poco la vista atrás, ¿en qué momento se encuentra, hoy, Eladio y los Seres Queridos? ¿Dónde residen sus fortalezas?
—Sentimos este disco como la cumbre y la meta a la que nos llevaron los anteriores. Creo que tenemos algo propio desde siempre, un discurso propio. Y que hemos crecido fuertes, despacio, aprendiendo mucho y pasándolo cada vez mejor. Nuestro valor es el directo y las canciones… creo que transmitimos un gozo melancólico muy contagioso.
—¿Qué se siente teloneando a grupos como Vetusta Morla? ¿Qué le pasa a uno por dentro cuando divisa toda esa gente aguardando las creaciones que has ideado?
—Vetusta son increíbles como grupo y como personas, es un gustazo estar con ellos y da mucha tranquilidad telonearlos. La actitud no la meditamos mucho… en un teloneo para 6.000 personas sabes que muy pocas vienen a verte y tienes que sacar todas las bombas en menos tiempo. Sin embargo, no es más difícil que tocar en un club para 150 personas... es, sencillamente, diferente.
—¿Cómo tiene lugar vuestro proceso creativo, cómo ‘fabricáis’ las canciones?
—A veces parto de una frase que suele pasar a formar parte del estribillo o el título. Voy tirando del hilo y sacando acordes, estructuras y frases. Primero hay una maqueta con voz , un piano o una guitarra, la elaboro un poco más y empezamos a probarla en el local, a veces pasamos por más de veinte versiones antes de la definitiva. Casi siempre las dejo y retomo meses o años después. Es un proceso muy lento… quizá por ello llevamos una media de disco cada tres o cuatro años.
—¿En el fondo, por qué estáis en esto de la música, qué queréis transmitir?
—En realidad no recuerdo haber decidido dedicarme a la música... en mi barrio muchos tocábamos en grupos con 15 años, algunos simplemente no supimos parar y seguimos en esa eterna adolescencia que es esto.
—¿Es este el mejor de los momentos posibles para manufacturar música?
—No lo sé, lo mejor es que podemos grabar y preproducir en casa con calidad y eso es fantástico, tenemos más control sobre nuestra obra que los musicos de los años ochenta o los sesenta. Por otro lado profesionalizarse es más difícil, como en todo en general está mal la cosa, pero es que además a los grupos nos tasan como a la droga o las armas. Hace diez o años, sin apenas repercusión, era capaz de vivir de ello, hoy en cambio, cada mes es un auténtico milagro.
—¿Con qué nos encontraremos quienes acudamos a vuestro concierto de León?
—Con un grupo más rodado y fuerte, guitarra eléctrica en vez de acústica… complicidad, reflexiones y diversión. Tocaremos casi todo el último disco (todo en realidad, creo) y algunas cosas ineludibles de los anteriores. ¡Además, aceptamos peticiones!
Lugar: el Gran Café.
Hora: 22.00.
Entradas: 8 euros, 16 con cedé.