Ismael Serrano. cantautor

«La precarización se está instalando en la vida de todos»

Llega a León con disco nuevo, ‘La llamada’’, y un manojo de nuevos temas. En el Auditorio desgranará también el domingo, a las 20.00 horas (entradas a 22 y 26 euros) sus grandes éxitos. Este cantautor que iba para astrofísico considera que el IVA al 21% es un castigo del Gobierno al siempre crítico sector cultural.

El cantautor madrileño Ismael Serrano, que llega a León el domingo con la gira de su disco ‘La llamada’.

León

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—En ‘La llamada’ hay ganas de lucha, ¿qué quiere cambiar?

—Comparto la exigencia de una nueva sensibilidad política con gran parte de la ciudadanía. Hay viejas formas y un modelo político que no está dando respuestas a las necesidades de la mayor parte de la gente. Vivimos en un modelo de sociedad que parece estar al servicio más bien de intereses privados de una minoría y desatiende las necesidades reales de la gente. Y eso debe ser reconsiderado. Hay que exigir una democracia más participativa y que se devuelva a la gente la capacidad para influir en el devenir político.

—¿El cantautor es actualmente una ‘rara avis’?

—Siempre habrá cantautores. Es un género que se remonta al juglar de la Edad Media, que hace la crónica sentimental y social del tiempo que le toca vivir. Siempre habrá un tipo que agarre la guitarra y haga esa crónica, tratando de darle un vuelo poético a las canciones. Otra cosa es que las radiofórmulas o los medios de comunicaciones convencionales les den el espacio que merecen. Que no aparezcan no quiere decir que no existan. De hecho, hay gente muy joven que apuesta por este género y con gran heroicidad trata de abrirse camino autoeditando sus discos, produciéndolos como puede, acudiendo al crowdfunding...

—¿El cantautor tiene la obligación moral de mojarse políticamente?

—Todos tenemos la obligación de participar, no sólo el cantautor. El cantautor sí tiene la necesidad de ser permeable. Tradicionalmente le emociona el mundo en el que vive y siente que puede aportar algo a su activismo a través de las canciones. Existen muchos otros géneros, como el rock o el hip-hop, que se han acercado a la política. Es más, hoy por hoy, mucha gente que hacía un pop en el que predominaba el escapismo, ahora, de repente, se siente interpelado por la realidad política y habla de ella en sus canciones.

—En los tiempos que corren, ¿no ve más necesario que nunca la canción protesta?

—La veo más inevitable que nunca. Quizá hubo un tiempo en el que alguien podía mirar a otro lado, pero ahora, mires donde mires, hay motivos por los que indignarse. Lo difícil es hacer el ejercicio de abstracción necesario como para que no aparezca en tu discurso. La canción protesta sirve como espacio de encuentro para ayudarnos a recuperar una conciencia como animales sociales que, en cierto modo, hemos perdido.

—Su nuevo disco destila cierta afinidad con el 15-M que no ha querido ocultar...

—El 15-M fue muy inspirador para todos los que creemos que las cosas tienen que cambiar. Fue emocionante y muy ilusionante ver a una ciudadanía que exigía el protagonismo que le corresponde y se recuperaba el debate de las ideas.

—¿Y ese punto latino que le ha salido en el disco?

—Porque quería que el cimiento de las canciones, a diferencia de otros discos, fuera el ritmo; acudí a la tradición musical que siento más cercana, que es Latinoamérica, una de las más ricas y plurales, porque es una cultura musical en la que convergen muchas otras, de la española a la anglosajona o la africana, es un crisol que da lugar a ritmos muy variados.

—¿Le miran mal en el banco porque uno de sus temas dice: «Temblarán por fin los templos de la usura»?

—No creo que sientan peligrar sus privilegios por una canción. Es la ciudadanía y la política quienes tienen que exigir el control de las entidades financieras que han provocado este desastre. Su descontrol ha dado pie a este caos. Es a la ciudadanía, que está despertando, a quien tienen que temer.

—¿Corren pésimos tiempos para la cultura?

—Por un lado, desde el punto de vista institucional, se ha perdido el amparo y se ha castigado con el IVA; paralelamente, sí surgen movimientos culturales que apuestan por la autogestión. La necesidad ha hecho que la gente debata sobre qué tipo de modelo de gestión de cultura se quiere en las instituciones.

—¿Habrá rebelión en Hamelín, como dice uno de sus temas?

—Creo que sí. Hamelín es un canto a la disidencia, al cuestionamiento de los relatos oficiales. Hacerse preguntas es un ejercicio saludable. Lo bueno de estos movimientos es que la ciudadanía se está cuestionando todo y que exigen respuestas de manera contundente.

—En León actuó en 2011, ¿tiene aquí una parroquia de fieles seguidores?

—Habrá que comprobarlo. Vamos con mucha ilusión, con un nuevo disco y un manojo de nuevas canciones.

—Iba para físico pero se le cruzó la música. Ahora muchos investigadores se tienen que ir, así que acertó...

—Sí, ahora gran parte de mis compañeros de facultad están en el paro o pasando dificultades y a una edad jodida. La precarización se está instalando en la vida de todos.

—A los 40, ¿cuál es su sueño?

—El de ver crecer a mi hija en un mundo más justo, al que hayamos podido contribuir de alguna manera. Poder darle la oportunidad de vivir en un mundo no sé si mejor, pero, al menos, no peor.

—¿Cómo un astrofísico acaba convertido en trovador?

—Siempre me había gustado la música. Compaginaba la carrera con los conciertos en cafés. Estudié solfeo y piano. Siempre había tenido vínculos con la música y esos vínculos se fueron estrechando cuando en los noventa hubo un momento de efervescencia musical en Madrid. Existían muchos locales donde podíamos tocar. Luego, me dieron la oportunidad de grabar mi primer disco.

—¿El IVA del 21% es el suicidio cultural de un país?

—Sí, lo es. Sólo se puede entender como un castigo a un sector, porque no puede tener afán recaudatorio cuando estás desmantelando, precisamente, ese sector. Cuando lo comparas con el IVA cultural de otros países, no tiene ni pies ni cabeza.

—¿Es la venganza de un Gobierno de derechas contra un sector muy crítico?

—La cultura es un sector crítico con el gobierno de turno, también con los anteriores; y eso no se perdona. Se ha dicho en sede parlamentaria a quién hay que perseguir.

—¿La actualidad y las injusticias son la fuente de inspiración de sus letras?

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—Le canto a todo lo que me emociona. La llegada de mi hija ha sido muy inspiradora; no hay emoción que se le parezca. La visión de un mundo desigual genera en uno una indignación que también es materia prima para canciones o historias de amor y desamor... Uno canta a todo lo que le emociona; y hay unas cuantas cosas, por suerte.