Sabero ‘musealiza’ la ruina del patrimonio minero en ‘Disurbia’
Eduardo Valderrey realiza una cartografía de los espacios abandonados del valle.

Eduardo Valderrey junto a una de las piezas que puede verse en el museo de Sabero.
El Museo de la Siderurgia y la Minería de Castilla y León presentó ayer el proyecto Disurbia de Eduardo Valderrey. La exposición se compone de una serie de fotoesculturas y una video-instalación sobre arquitecturas de ocupación basadas en la relación entre la identidad, los entornos de la memoria y los procesos de desindustrialización de las antiguas instalaciones mineras situadas en la montaña oriental de la provincia de León. El valle de Sabero, Sahelices, Olleros, Sotillos y Vegamediana forman la gran columna vertebral de un desordenado grupo de instalaciones industriales abandonadas que dan testimonio de un irrevocable proceso de abandono de las cuencas mineras del norte de la península debido a la progresiva y futura reestructuración del sector.
El proyecto es un recorrido por diferentes espacios abandonados y en degradación por el tiempo y por la desidia, donde se pone de manifiesto la falta de oportunidades económicas que provoca la despoblación de las zonas rurales con escasas posibilidades de desarrollo y la descapitalización de los recursos humanos, naturales y laborales.
La naturaleza coloniza la ruina
La acelerada degradación de las antiguas instalaciones mineras y siderúrgicas de esta cuenca minera ha generado un proceso de re-ocupación por parte de la naturaleza en espacios emblemáticos de la arqueología industrial, incluyendo maquinaria, naves y boca-minas. Vegamediana es el escenario de este proyecto: una antigua instalación minera, hoy ya en desuso, que formaba parte de un gran entramado minero siderúrgico que ocupa la totalidad del Valle de Sabero. La cuenca minera de hulla fue la primera en ser explotada en la provincia de León.
En el año 1890 los derechos de extracción del valle son de Tomás Allende y de otros capitalistas y empresarios vascos fundadores también del Banco de Bilbao. En 1892 se constituye como empresa Hulleras de Sabero y Anexas, con sede en Bilbao, que pertenecería durante años al ferrocarril (el Hullero) que transportaría el carbón del valle hacia los Altos Hornos de Vizcaya, donde serviría como combustible para las grandes acerías.
Durante años existió una clase obrera con unas condiciones de trabajo infrahumanas. La posguerra dibujo un tiempo gris, de emigración, miseria y hambre. Cientos de recién llegados de otras regiones, ocupaban barracones y chamizos para trabajar en la mina. La dureza del trabajo daba sueldos miserables; con frecuentes accidentes por derrumbes o explosiones de grisú; el también llamado mal del carbón, la silicosis, que dejaba la esperanza de vida en poco más de cuarenta años.
Hoy en día, el plan del carbón prevé el cierre de las minas y de toda la industria anexa, dejando sin trabajos y sin esperanzas a un gran número de mineros y sus familias, lo que ha originado un gran conflicto social y movilizaciones por todas las cuencas mineras. La propuesta intenta establecer un dialogo con la memoria histórica, la justicia social y con el presente, contrastando los escenarios de esta historia: Vegamediana, la piel olvidada, el palacio derruido de los Allende en Burón (hoy en día desmontado y abandonado en un prado) y los símbolos de los poderes capitalistas que han dibujado las cartografías económicas de estos territorios.