CULTURA

Ingleses que repensaron España

Raymond Carr fue el decano de una brillante generación de hispanistas que, con Elliot, Payne Thomas, Malefakis o Kamen, cambiaron la visión del país

Raymond Carr en Oviedo en 1999

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MIGUEL LORENCI | MADRID
León

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Llegaron seducidos por el laberinto español y nos enseñaron a desentrañar nuestros enigmas

Raymond Carr, fallecido hace una semana, era el decano de una ilustre generación de hispanistas anglonorteamericanos que acertaron a mirar España bajo otro prisma «y nos enseñaron a repensarla». Lo dice Juan Pablo Fusi, catedrático de Historia Contemporánea y discípulo de Carr. Lo ratifican sus colegas Julián Casanova y Charles Powell que sitúan a Carr a la cabeza del brillante grupo que normalizó la historia de España y «ordenó nuestro caos historiográfico».

Reconocen los tres el magisterio, el talento y la generosidad intelectual que aportaron en la segunda mitad del siglo XX esas figuras que «nos permitieron saber mejor quiénes somos» y «superar el mito del imperio».

Historiadores como John Elliot, Hugh Thomas, Henri Kamen, Stanley Payne, Gabriel Jackson o Edward Malefakis. Interesados por el imperio de Felipe II, la Inquisición o la Guerra Civl, constituyeron una Edad de Oro del hispanismo anglosajón que no se ha conocido en Alemania, Italia o Francia.

Al rastrear las claves del atractivo de España para estos lúcidos escudriñadores de nuestra realidad Casanova, Fusi y Powell confluyen en Gerald Brenan (1894-1987). No fue historiador y no tuvo vínculos con el mundo académico, pero recaló en España antes que todos y desentrañó algunas de las claves que explican la Guerra Civil, el fatal y crucial y acontecimiento que, junto a la II República, centra el interés global por España en la segunda mitad del siglo XX. Su seminal obra El laberinto español fue el punto de partida. «Es un libro superado, pero identifica los temas que interesarían a Carr y a otros autores, como la debilidad del Estado Español, la pluralidad y la enorme variedad geográfica, cultural y lingüística, que va en contra del mito imperial, y el conflicto y la tensión entre el mundo rural y el urbano», apunta Powell (Madrid, 1960), historiador formado en Oxford con Carr y autor de España en Democracia, 1975-2000.

De luna de miel

Carr llegó de luna de miel a Torremolinos en los 50 y en busca de Brenan para encargarle un libro que nunca escribiría. Ahí despierta la pasión que cristalizó en España 1908-1939. Publicado en 1966 «es la piedra angular de la nueva historiografía angloamericana sobre España», según el catedrático de Historia Contemporánea Julián Casanova.

«El gran trabajo de Carr es poner orden. Analizar con rigor y en profundidad desde el punto de vista político, social, económico y cultural la enorme complejidad de la España del XIX y su prolongación hasta la Guerra Civil» señala Juan Pablo Fusi (San Sebastián, 1945). El legado de Carr y sus ilustres compañeros de viaje es «devolver a los españoles el interés por su propia historia».

Repensar España

«La deuda con Carr, Elliott, Thomas, Jackson, Payne o Malefekis es impagable. Nos beneficiamos mucho de una generación cuya enorme generosidad intelectual nos permitió repensar España» apunta Fusi. «Carr sistematizó, ordenó, precisó y definió la España liberal del XIX y su evolución posterior, cuando el XIX era una sucesión desordenada de pronunciamientos irrelevantes de episodios de guerra civiles y carlistas y en decadencia», agrega. «Les debemos a estos hispanistas entendernos mejor, la percepción más certera y clara de nosotros mismos» dice Fusi, gran amigo y discípulo de Carr con quien escribió a cuatro manos España, de la dictadura a la democracia. «Gracias a ellos hacemos aquí una historia competente y se ha normalizado la relación entre hispanismo e historiografía» agrega poniendo en valor el trabajo posterior de Artola, Pabón, Vicens Vives o Jover. «Nos enseñaron a entendernos a desentrañar el laberinto español que Brenan les puso ante los ojos. No reproducen tópicos y no ejercen una supuesta superioridad británica. Amaban España y su cultura y nos trataban de maravilla. Han sido muy generosos» resume Julián Casanova. Cita como herederos a Frances Lannon y Paul Preston en el Reino Unido y a Joaquín Romero Maura y José Varela Ortega aquí. «Los hispanistas dignificaron y profesionalizaron el estudio de la historia de España» sostiene Powell. Para él la clave de la atracción de España para Carr y compañía es «el contraste entre un pasado esplendoroso, imperial, como potencia global, militar y cultural y la España pobre aislada raquítica que conocieron en los años 40 y 50» «¿Qué diablos ha ocurrido aquí? fue la pregunta recurrente de Carr» recuerda Powell, al frente hoy del Real Instituto Elcano. Como Fusi, cree que «la gran aportación de Carr fue poner orden ese caos interpretativo preguntándose si España era diferente». «Carr y los demás rechazan la idea de excepcionalismo de España y la sitúan en un contexto comparado en su coordenadas geográficas e históricas» concluye Powell.

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Recuerda que Carr «rechazó el término hispanista». Sugería para el historiador británico «que hay que tener conocimientos muy específicos para ahondar en el alma española, como si fuera un arcano y un mundo inaccesible, cuando él sostiene que es analizable como cualquier otro país y con los mismos instrumentos y criterios». Tampoco creía Carr en escuelas o discípulos. «No era jerárquico y la idea de discípulo contenía un elemento de autoridad que no le gustaba» apunta Powell reconociendo, no obstante, su influencia en Varela Ortega y en historiadores económicos como Antonio Gómez Mendoza, Leandro Pardo de la Escosura, «claves para la historia económica del XIX y el XX». «Habéis mejorado lo que hacíamos y estamos de retirada. Ahora la historia está en manos de los españoles» se felicitaba Carr.