cultura
B.B. King eterniza su leyenda
El patriarca del blues deja viuda a su inseparable guitarra ‘Lucille’ y a un género en el que reinó durante siete décadas y en el que tendió puentes entre el rock y la música negra.
Un momento de la actuación de B. B. King en la Plaza de Toros de León el 29 de junio de 2004.
‘Lucille’ está viuda y sola. Los regordetes pero milagrosos dedos de B. B. King no volverán a acariciar la guitarra a la que salvó de las llamas para convertirla en leyenda. Patriarca del blues, proteico y legendario bluesman que encandiló a varias generaciones de músicos y a un público global, King ha hecho eterna su leyenda. Murió el viernes en Las Vegas, casi con la guitarra armada, semanas después de su último concierto.
La diabetes le acosada y el gran B. B. entonó su bye bye con 89 años, dejando huérfano al género que engrandeció y en el que reinó durante casi siete décadas. Desde la eternidad seguirá imperando en el planeta de la música y mostrando el camino que conecta el rock con el bues y el swing a la legión de colegas rendidos a su talento, de Eric Clapton a Keith Richards pasando por Jimi Hendrix, George Harrison, Jeff Beck, Lenny Kravitz o Raimundo Amador. Su manera de tocar, expresiva y elegante a pesar de la torpeza -decía él- de sus carnosos dedos, y su manera de cantar, inspirada en el gospel, influyeron en los más grandes.
El alma del blues
Era B. B. King el alma misma del blues. Nació libre, pero trabajó en las plantaciones de algodón del sur racista, despiadado y salvaje de los años treinta. Campos en el que el sudor, el dolor y el lamento de esclavo alimentó el cadente quejido del blues. Él prefería el gospel, que cantó en sus años mozos, antes de que su voz tomara esa ronca y cavernosa textura que le hizo único, grande y universal. Pero nadie le daba las propinas los elogios y las invitaciones que sí llegaban con el blues y sus punteos de guitarra.
Fue acaso el músico más influyente de su tiempo. Quien jamás haya comprado un disco suyo habrá disfrutado de sus solos de guitarra, esos ‘riffs’ inimitables y certeros repartidos en grabaciones de colegas de toda condición a lo largo de casi siete décadas. También en algunos de sus temas mil y una vez versionados y repartidos en sus más de cincuenta discos. Hizo universales canciones como The thrill is gone y How blue can you get, paradigmas del dolor y la magia que encierra el blues, al que se entregó en los años cuarenta.
Hiperactivo e imparable, llegó a dar más de trescientos conciertos al año, girando sin descanso por salas, escenarios, estudios y estadios de todo el mundo, seduciendo audiencias en todos los confines del globo, ya fueran fanáticos del pop, del rock o amantes del rhythm & blues. Quince premios Grammy, quince, jalonan una carrera impecable y sin desmayos y lo coronan como el músico de blues más laureado de la historia.
Su poderío vocal e instrumental y su avasalladora presencia en los escenarios hizo que se lo disputaran músicos y grupos, que lo idolatraban desde que emergió en los sesenta. Referente de Eric Clapton, King también estuvo de gira con los Rolling Stones en 1969 e hizo lo propio con U2 veinte años después, grabando con los irlandeses su célebre When Love Comes to Town. La diabetes crónica que le acosaba desde hacía años y una dolencia en las rodillas que le impedía tocar de pie no fueron un freno para sus incesantes giras.