‘Latin fire’: pasión y revolución
Ana Gamazo presenta un caleidoscopio de la ebullición cultural latinoamericana en una muestra en el palacio de Cibeles.
Imagen de una de las fotografías de Pedro Meyer, ‘Boda en Coyoacán’, que puede verse en la exposición.
Pasión, creación y revolución son los temas medulares de Latin Fire una ‘fogosa’ exposición, tan potente como heterogénea. Un rico caleidoscopio de la muy diversa ebullición cultural y social latinoamericana, de su carácter apasionado y ardiente en 180 instantáneas. Son lo mejor de la colección de Anna Gamazo de Abelló, que ha logrado reunir en apenas una década una de las mejores colecciones de Europa de fotografía latinoamericana contemporánea. Cubre un extenso abanico de autores, temas y países y es una de las citas ineludibles de PHotoEspaña 2015. Estará en cartel hasta septiembre el palacio de Cibeles de Madrid. «Aúna diferentes identidades y multitud de miradas», asegura María García Yelo, directora de PHotoEspaña, sobre una exposición que explora algunas las características comunes del fulgurante y desigual continente en el que conviven alegría de vivir y miseria, injusticia y riqueza, violencia, revolución y muerte del Río Bravo a la Tierra de fuego
‘Latin Fire’ reúne 180 imágenes, muchas de ellas inéditas, firmadas por medio centenar de fotógrafos y datadas entre 1958 y 2010. Los comisarios, Alexis Fabry y María Wills, pretenden con su selección «ilustrar una actitud, un comportamiento o la psicología del latinoamericano». Buscan las características «que recorren el continente» y hallan una primordial en la metáfora del fuego que llevan al título. «Un carácter cultural fogoso que se manifiesta tanto a la hora de marcar una relación familiar, al bailar, en la vida nocturna o en los compromisos sociales y políticos». Las imágenes van así del fuego de las armas, las revoluciones, los movimientos reivindicativos de género o raza y las luchas culturales y contraculturales, hasta el fulgor y la fogosidad y de la vida nocturna y marginal de capitales como Lima, México D.F., Buenos Aires, Caracas, Santiago y La Habana.
Humor y dolor
Cada uno de los cincuenta y dos fotógrafos refleja de diferente manera, estilo y técnica «esa euforia y ese melodrama que forman parte de la vida diaria de los ocho países retratados». «Cada uno en su capacidad de alcanzar simultáneamente sensaciones tan distintas como el exceso de humor o el exceso de dolor» apuntan los comisarios
La revolución cubana, la represión de los militares argentinos y chilenos, los crímenes de los sicarios, los estragos del narco, la vida cotidiana en mercados, cárceles, iglesias o garitos, conforman este poliédrico retrato de la idiosincrasia latina. «Se relata en historias de cine o letras de canciones que siempre están cargadas de condimentos y picante», resumen los comisarios que, sin afán enciclopédico, articulan la muestra en dos amplios capítulos: Fuego y Con el diablo en el cuerpo.
Agrupa la primera escenas de la revolución cubana —con imágenes de Raúl Corrales o Korda—; la guerrilla de Venezuela en los 60 retratada por Rodrigo Moya; la vida cotidiana bajo la dictadura en los 80 en Chile, por Héctor López; en Buenos Aires, por Adriana Lestido y Eduardo Longoni; o en Lima en los 90, bajo la amenaza de Sendero Luminoso, por Jorge Deustua. También la conmovedora serie Desaparecidas , que Maya Goded realizó en 2005 en Ciudad Juarez (México) o la serie en la que Milagros de la Torres fotografía restos de utensilios de personas secuestradas en Colombia. Juan Manuel Echevarría también habla en sus imágenes de la violencia sin retratarla en sí misma y en medio de estas fotografías, el icono del Che Guevara muerto
Con el diablo en el cuerpo , título de una de las canciones de la cantante cubana La Lupe, reflexiona sobre cómo «los lugares de fiesta terminan uniendo. Como se pierden las cuestiones políticas radicales para dejarse llevar por el fuego de la música y el baile». Las imágenes desvelan aquí «ese espíritu desenfadado de los latinoamericanos que buscan afirmar su carácter contra-cultural o, simplemente, desfogarse en sus experiencias, sean de vida o muerte».
Las prostitutas de Fernel Franco, muestra miradas íntimas en retratos que exploran mundos subjetivos y personalidades excéntricas que habitan en cantinas, bares de mala muerte, cárceles, y espacios privados de encuentro. Las noches de reventón, de Armando Cristeto en México, comparte protagonismo con las Mujeres presas de Adriana Lestido, los Internos de Carlos Somonte; los travestis de Garciela Iturbide.