Opinión. rubén giganto. músico, productor y técnico de sonido

«Queda un poco vulgar aferrarse tanto a la vida»

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León

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Con Krahe todo es frustración pública y satisfacción privada. La frustración porque me avergüenzo profundamente de este país, que pensaba que Javier cantaba paridas para hacer reír, como el payaso de circo que tropieza constantemente para desatar la carcajada de los niños.

Frustración, porque nunca se valoró la calidad de sus letras inigualables donde se esconde mas poesía y talento que en muchos libros de este género: Y es muy curioso, porque a él nunca le gustaba que le dijesen los amigos que escribía poesía.

«Yo soy escritor de canciones, no poeta. Que es una profesión fantástica». Frustración por sus músicos, en los que pocos reparaban. Y cualquiera que asistiese a un concierto de Krahe (con un poco de oído) se daría cuenta de la calidad musical de Anguita, Guereña, Andreas Prittwitz… Difícilmente superables por algunas de las mejores bandas de jazz del mundo. Frustración por no haberle visto aún más veces en directo (todas serian pocas) . Y una frustración absoluta por no haber podido llegar a sonorizarle nunca. Pero afortunadamente me queda la satisfacción de escucharle horas y horas en privado, paladear cada rima, cada pirueta sin red sobre nuestro idioma.

Krahe, en un pareado, es capaz de meter más filosofía que Cavafis en un libro entero. La biblia contra el calefón. Javier te lleva a mundos insospechados y te hace fantasear con historias que todos quisiéramos haber vivido. Poca gente es capaz de hablar de lo que habla sin caer en la ordinariez, en la vulgaridad. Y él sabe hacerlo con esa elegancia como de otro tiempo que siempre mantiene. ´

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Me queda la satisfacción de poder haber estado con él, como si hablase con un camarero a altas horas de la noche, sin ningún distanciamiento, cercano, sin disfraz ni caretas. Así es él, inigualable. Hoy me quedaré con una de sus frases: «Queda un poco vulgar aferrarse tanto a la vida».