Diario de León
Publicado por
RAFAEL SARAVIA
León

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Y o sé que el amor no es lo importante en estos casos. Que el fuego que vivimos estos días no es muestra de pasión alguna y que el calor siempre aleja los cuerpos más que acercarlos a un sudor ajeno a lo cómplice.

Yo sé que el amor es Peccata Minuta. Todo él se mueve en las pequeñas cosas que conforman esa inutilidad que nos hace felices. El amor nunca fue verano. Siempre fue febrero y días prestados. Y sin embargo el amor se convierte en ese fundamento que habita cuando nos dejamos ir todos.

Hay amor en los pueblos, vestido de recuerdo veraniego y experiencias... amor en Coladilla aliñado con buen gusto por Aldo; amor en el Órbigo, con tomates color Caravaggio secuestrados por la mano amiga de Oscar; amor en Sotillos de Sabero, donde el verde incrementa las ganas y aún se duerme abrazados sin necesidad de asfixia.

El amor también tiene banda sonora. Unos días se alimenta con el fuelle del acordeón de Arty; otros con el recuerdo de un Festival de Órgano que nos enorgullece la memoria, que nos enorgullece la prestancia en el paladar de las cosas que saben bien. Y que nos prometen matar y cambiar por un recuerdo de consumo rápido. Da igual que durante treinta y dos años se halla consolidado y amparado en la excelencia, lo mismo da que un órgano pagado por todos se quede exclusivamente para dar misas... el amor sin duda no tiene cabida en tanta incongruencia. En esto del amor lo importante jamás crea titulares. Sabemos que el deseo tiene más ramificaciones... pero el amor... el amor no entiende de grandilocuencias. El amor se siente mejor en el Twingo color teja de Pedro que en el Jaguar de Adolfo Suárez; se genera mucho más amor en el trabajo de María (Community Manager de la frutería 3 kilos) que en los miedos histriónicos de Blatter por ver volar un dinero que no controla.

La vida genera entre calor y calor multitud de amores. El amor no está de moda y hasta los libros que lo mentan se mueven como pidiendo perdón por existir. Hay amores personales y también amores que alimentan la dignidad, como el valiente amor a la vida y a la superación que encontramos en la novela de Seix Barral La abuela civil española de Andrea Stefanoni, que nos cuenta lo nuestro, lo de nuestra tierra berciana. Lo de las fronteras y su ácida vocación de separación. Lo que no ha de olvidarse en fosas comunes.

Queda mucho amor por vendimiar. Y no me apetece dejarlo para el 14 de febrero. La vocación del amor se teje en tela fresca para los tiempos que corren, se hace con algodón y seda y a puntada prieta, para sujetar toda la estulticia que el mundo genera.

Sea el amor sin frontera y a pesar de este calor. Sea hoy mismo, sin pensamiento ni justificación racional. Como decía Jacinto Benavente: En asuntos de amor los locos son los que tienen más experiencia. De amor no preguntes nunca a los cuerdos; los cuerdos aman cuerdamente, que es como no haber amado nunca.

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