Julio A. Patiño. jefe de dj’s de la sala sol
«Necesitaba que la gente escuchara lo que me incendiaba»
Leonés de la calle República Argentina, comenzó pinchando en los ochenta en el pub Garabatos de la calle Monasterio y ahora cumple veinte años como jefe de cabina de dj’s de la prestigiosa sala Sol de Madrid.
El veterano pinchadiscos leonés Julio A. Patiño.
La ventana no daba al mar ni a la montaña, sino al asfalto de República Argentina 15, un primero bajo derecha de una casa de izquierdas. Y daba entonces al asfalto de las tribus ocultas que cantaba Auserón, al que pueda que siga admirando. La abrió de par en par porque aquello que hervía era música, y, dice, necesitaba que los demás lo escucharan. En ese salto imaginario (hubo otros), años 80 y pico, el leonés Julio A. Patiño Álvarez se convertía en The dj of your life, que sí canta en este 2015 Arsel Randez. O sea, que el ritmo continua, cardiaco o no, y la pasión se convirtió en profesión, como rara avis de los que se dedican a abrir la lata de los discos. Un selector que abarca una trayectoria que lo erige en uno de los más importantes del país. Como jefe de cabina de dj’s de Sol, en Madrid, este leonés ha despachado tantas horas y canciones que los estilos se amontonan con una sola premisa que son dos: criterio y calidad. Respeta a los músicos como si lo fuera. Y si comenzó en aquel pub Garabatos de la calle Monasterio, gran impulsor de los conciertos más míticos de León, la noticia es que ahora cumple 20 al frente de la cabina de la sala Sol. Entre medias hubo más, porque ésta una historia de alta fidelidad. Hasta lanza besos.
—¿Recuerda la primera vez que creyó pinchar o poner discos? ¿Cuál sería esa primera canción?
—No sé el día. Recuerdo el momento, las ganas de que la gente que pasaba por la calle escuchara lo que me estaba incendiando el alma y erizando la piel. Así que subí el volumen y abrí las ventanas del primero bajo de Repíblica Argentina, 15. Fuera del despacho de mi abuelo y quitando guateques, empecé en el Garabatos. Y la primera apostaría que fue Armagideon Time, de The Clash, o Private Life, de Pretenders. La de la ventana tengo dudas... Kinks o Dr. Feelgood. Para The Beatles y Los Brincos no hacía falta abrir la ventana.
—¿Y un tema final reciente?
—La última que recuerdo con sonrisa es una de fin de set, Debaser de los Pixies, este verano en Zaragoza en un palacio donde escribió Cervantes, incluso tiene su referencia en el Quijote, con una sonoridad increíble.
—¿Cuándo descubre que la cosa va más allá?
—Aún sigo preguntándome qué ha pasado. Igual sólo es que siempre he tenido buenos sitios donde pinchar, mezclado con la pasión por la música y mi poco arte para con ella; y a que he invertido mi tiempo en buscar y escuchar canciones en vez de buscar curros o más dinero.
—La profesión de dj es propicia para el intrusismo o el oportunismo... ¿Qué sensación le provoca todo esto?
—No creo que sea diferente al resto. Es un reflejo más del movimiento en el que nos desenvolvemos socialmente. Espero que veamos que sabemos manejar la gran explosión del todo para todos por todos, ajustándola a un criterio.
—Pongámonos didácticos... ¿qué consejos daría a alguien que quisiera ser dj o pinchadiscos, o selector?
—Retener, dosificar hits, crear caminos, que no es lo que impera, y no perder la comunicación mientras disfrutas.
—El cambio de soportes, la informática, Internet, etc ¿le ha servido de mucho para su trabajo? ¿Hay pros y hay contras?
—Las herramientas no son las culpables sino el uso, el cómo, el cuándo, el dónde. La principal contra: el empleo de baja tecnología, la utilización de archivos musicales demasiado comprimidos, equipos intermedios de pésima calidad sonora unidos a personas que son capaces de pinchar utilizando canales de radios digitales. Como pros está claro que la facilidad de información, de búsqueda y de compra. En cuanto a soportes, he usado hasta casettes. A mí para pinchar me importa más la canción que el formato, siempre con calidad. Y en mis sesiones es normal que utilice varios, desde singles hasta archivos.
—Usted que ha trabajado en muchas otras salas, festivales, hasta para el Circo del Sol, ¿ha cambiado mucho la noche desde sus inicios a ahora?
—Pues no sé. La de ahora me pilla ya rulao. No puedo verla con los mismos ojos. Me parece pelín más aburrida, mas encajonada, mientras hay un montón de gente haciendo cola para explotar. La noche es más cara que antes. Y pensando, puede que en la noche de ahora haya mucho menos canalleo y más postureo.
—Por cierto, dj o pinchadiscos. ¿Cómo se dice?
—Oficialmente, ‘montador de discos’, cosa que, cuando la dices en la oficina de empleo, te manda a la rama de mecánica. Cuando me anuncian o yo mismo, muchas veces me subtitulo de dj, pero prefiero otro término que me define mas. Viene de ultramar y es selector.
—Exactamente, ¿qué echa de menos de León?
—El antiguo Húmedo con sus aceras con bordillos de granito de colores, los colores, los señorines en penumbra agarrados a la batalla en una mesa de madera y los chicharros en vinagre de tonel. También mejor música en general, pero eso es más global. Y aquella energía que hacía posible ir al Insti, jugar al tute, escuchar música sin parar, tener novia, ir de panda, organizar las fiestas del instituto y hacer conciertos, pinchar en el Garabatos... ¡Un beso, José y Marina!