CULTURA
Patrimonio leonés con ‘tiritas’
Los monumentos de la ciudad alojan a decenas de ‘mutilados’.

San Miguel tras una mampara, la marquesina de la Catedral, una de las estatuas del pórtico y gárgolas de la Catedral y San Marcos.
Son un ejército de mutilados. Los principales monumentos de la ciudad están ‘habitados’ por criaturas que han sufrido amputaciones o se mantienen en pie gracias a todo tipo de artilugios —tirantes, mallas o cristales antibalas, como el que le han colocado esta semana al arcángel San Miguel que corona la portada de la iglesia de Santa Marina—. Buena parte de las gárgolas de la Catedral y de San Marcos no se han desplomado gracias a que han sido ancladas con ‘correajes’. El San Isidoro que cabalga sobre la fachada de la joya del románico se habría caído del corcel de no haber sido por la última restauración.
El claustro de la Catedral aloja una excepcional colección de ‘tullidos’: las 23 estatuas apeadas hace seis años del pórtico por su penoso estado de conservación. La mayoría han perdido alguna extremidad, narices y hasta la cabeza. No sólo el tiempo las ha arruinado, sino que fueron víctimas de un fallido tratamiento ‘rejuvenecedor’. Hace años les aplicaron un barniz protector , pero la piedra no ‘respiraba’ y el cáncer se extendió por dentro. Pero, al menos, siguen ahí, a la espera de que la Junta, como ha prometido, inicie su restauración y decida si coloca réplicas en la desnuda fachada de la Catedral.
Otras esculturas, en cambio, corrieron peor suerte, como las dos gárgolas que en 2006 se precipitaron al vacío y pusieron en evidencia las trágicas consecuencias de no realizar restauraciones durante años en el templo gótico. Junta y Ministerio de Cultura se vieron obligados a aprobar subvenciones de manera inmediata para evitar derrumbes más graves, que habrían sido un auténtico escándalo. Fue preciso revisar 7.000 ornamentos pétreos de la Catedral tras el desplome de las gárgolas, que fueron sustituidas por dos réplicas exactas, aunque más livianas.
Lluvia de piedras
Cada invierno se repite en León el ritual de la ‘lluvia de piedras’, pero 2006 fue un año negro para el Patrimonio. Los ciudadanos asistieron atónitos al desprendimiento de bloques de cascotes no sólo de la Catedral, sino también de San Isidoro y de las murallas.
San Marcos tampoco de ha librado. Hace dos años el desplome de una gárgola alertaba sobre el estado de conservación de un monumento que en 1995 había sufrido una colosal y dañina restauración —como puso de manifiesto en 2013 un demoledor informe llevado a cabo por World Monuments Fund—.
En octubre de 2000 Don Pelayo perdía la cabeza. Los bomberos, con un poderoso brazo articulado y previa colocación de un andamiaje móvil, tuvieron que bajar al pétreo héroe de su atalaya. Los técnicos habían avisado del previsible desplome de la estatua. De hecho, la persistente caída de piedras de la muralla obligó a acordonar la zona.
El abandono, los estragos del tiempo y restauraciones nefastas han llenado de ‘tiritas’ la Catedral. Las ‘grapas’ de bronce con las que ‘cosieron’ la fachada sur en el siglo XIX han puesto en peligro este punto del templo gótico, donde se instaló una marquesina hace cinco años que sigue ‘plantada’ en el hastial. Una gigantesca armadura metálica colocada de forma provisional, que lleva camino de convertirse en un apéndice del edificio.
No existe un cálculo de lo que costará extraer las grapas y, mucho menos, fechas y plazos. Ante la ausencia de subvenciones, es posible que el Cabildo tenga que plantearse asumir los trabajos con cargo a la recaudación de la taquilla —los 5 euros que cuesta entrar en la Catedral—.