La capital de la cultura rescata al leonés más Amable

San Sebastián rinde homenaje a un artista clave, miembro del mítico Grupo Gaur.

El artista Sistiaga (segundo de la izquierda) en la exposición del Grupo Gaur, del que formaba parte el leonés Amable Arias (primero de la derecha en la foto de la pared) .

León

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La justicia siempre es lenta. También la artística. Han tenido que pasar 50 años para que la obra del leonés Amable Arias sea valorada como merece. San Sebastián se estrena como capital cultural de Europa con una exposición que abrió ayer sus puertas en el Museo San Telmo dedicada a los artistas que en 1966 constituyeron el Grupo Gaur, en plena dictadura franquista, para luchar contra el aislamiento cultural y del que formaban parte Amable Arias, Eduardo Chillida, Jorge Oteiza, Néstor Basterretxea, Remigio Mendiburu, Rafael Ruiz Balerdi, José Antonio Sistiaga y José Luis Zumeta. De todos, Arias continúa siendo el gran desconocido. Fue el más libre, el más rojo y el más pobre.

Pese a su nombre, la vida del artista leonés fue todo menos amable. Nunca tuvo suerte. Ahora la capital vasca saldará una deuda con el polifacético creador berciano, que no gozó de reconocimiento pese a que su obra destilaba genialidad. La exposición de San Telmo —que arranca con obras de Arias que ponen en evidencia su heterodoxia artística—, propone un diálogo entre el colectivo puntero de los sesenta con los representantes de la última vanguardia.

Para abordar la trayectoria posterior de los ocho artistas se ha creado una ‘red’ de exposiciones por toda la ciudad: el centro de cultura Okendo acogerá obras de Sistiaga, Zumeta y Basterretxea; la galería Altxerri mostrará piezas de Ruiz Balerdi; y la galería Kur exhibirá creaciones de Mendiburu y Amable Arias.

En abril, coincidiendo con los 50 años de la constitución del Grupo Gaur —cuando ocho artistas leen un manifiesto en la galería Barandiarán—, San Sebastián tiene previstos varios actos, entre ellos un seminario, que analizará la personalidad y la trayectoria de este movimiento efímero pero crucial en la historia del arte contemporáneo español. En el trigésimo aniversario de la muerte de Arias (Bembibre, 1927-San Sebastián, 1984) el Ayuntamiento de Bembibre le nombró hijo predilecto y meses después organizó una exposición en la que sacó a la luz una veintena de dibujos que nunca antes se habían colgado en ninguna sala, correspondientes a la serie Bloc de niños. También hace tres años San Sebastián organizó la exposición Dar forma al caos y al azar , en la que no sólo mostraba la faceta artística del leonés que se ‘asoció’ con Chillida y Oteiza, sino todas las facetas del autor del poemario La mano muerta . El centro Koldo Mitxelena de la capital donostiarra reunía entonces 150 piezas, la mayoría inéditas, que permitían trazar un retrato vital e intelectual de este artista global nacido en Bembibre en 1927. El accidente que sufrió con un vagón de tren a los 9 años y que le provocaría graves lesiones renales para siempre, fue la primera de una cadena de desdichas que lastrarían su vida.

Detrás de aquella restrospectiva estaba Maru Rizo, compañera sentimental de Arias desde 1970 y primera conservadora de su legado, así como el profesor Fernando Golvano, que ha comisariado la exposición que abrió ayer sus puertas en San Telmo.

Arias volcó su caudal creativo en 429 libros, catálogos y revistas y 2.480 dibujos, anotaciones y poemas entre 1966 y 1983.

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Arias ilustró además a los más destacados autores y pensadores de izquierdas, desde Adorno a Borges, pasando por Chomsky, Fromm, Lenin, Marcuse, Marx o Sartre, con una suerte de dibujos que el autor denominada «pequeños Tupamaros». Entre sus obras más originales Rollo , que, como indica el título, es un rollo de papel de 95 metros, que Arias utilizó para dibujar. También resultan llamativas dos obras sonoras: Poemas fonéticos (1981) y Espacios poéticos (1981-1982), con las que Arias se anticipa a las performances .